Google-play App-store
Monterrey N.L.

AL FINAL DE TODO, SILENCIO

Ando estos días ajetreado de más, querido lector, querida lectora. Reformas en el hogar, y asuntillos de la vida real, que se comen sin sal ni nada el tiempo que en otras semanas más sosegadas dedico a los menesteres propios de persona humana. El caso es que, gracias a la vorágine de la víctima del bricolaje casero en la que me he transformado (con desastrosos resultados, he de admitir), me encuentro totalmente desconectado de lo que ocurre en eso que en la televisión llaman mundo real. No me entero de nada, ni de los desastres nacionales propios de nuestra época furibunda, ni de las escasas buenas noticias que se cuelan en los medios. Ajeno a informaciones, palabras, hechos y resbalones políticos, hallo un estado de gracia supremo, sustituidos mis incendios habituales por otros más cercanos y apremiantes. 

Tampoco es que esté en apagón total, algo sé por comentarios, vistazos rápidos al Twitter, y cosas así, que es casi imposible la permanencia en la ignorancia absoluta en nuestro mundo de inmediatez informativa. Pero, habituado al seguimiento casi absurdo de la noticia, es una anécdota. Lo que me lleva a una reflexión.

Muchos nos preguntamos por qué esta sociedad española no explota, estrujada hasta la extenuación, con el índice de paro en niveles dramáticos, familias en el último escalón antes del naufragio, políticos nefastos y empresarios con la sensibilidad de un cactus. Todo permanece en la calma tensa que nos define desde hace ya casi 4 años. El atisbo de protesta se diluye por la falta de conciencia, la solidaridad es una bruma inconexa de buenas intenciones. 

Así que esta semana frenética descubro el poder de la ignorancia, el cómodo posicionamiento del que no ve y sobrevive, del que bastante tiene con el día a día como para preocuparse de cosas más enormes. 

Otro de los triunfos del neoliberalismo. Nos ha convertido en esclavos de nuestras necesidades, en prisioneros de la caída, obligados a una constante lucha contra los elementos como sociedad y como individuos. No hay tiempo para revoluciones, han sido engullidas por la terrible realidad. Estáticos, ni hacia adelante ni hacia atrás, encajonados en la falsa sensación de seguridad ornamentada con las mentiras de aquellos que repiten con insistencia el temeroso mantra que nos recuerda que éste es el mejor de los sistemas posibles. 

En fin, me vuelvo con mis pinturas, que tengo la pared a medias. En breve, la normalidad volverá a mi rutina, me revolcaré otra vez en el estercolero sistémico que enloda a la muy sufrida sociedad española, que ha decidido que es mejor no mirar, me temo. Por cordura. 

Mientras, nos mata el silencio. 


Santiago Negro. @SantiagoNeg



COMENTARIOS
comments powered by Disqus
http://panycirco.com/columna/el-hemisferio-izquierdo/al-final-de-todo-silencio
© Copyright P.C. Publicaciones.

Suscríbete para recibir diariamente nuestro boletín informativo