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Monterrey N.L.

LAMENTOS DE UN ANTIPATRIOTA

Tiempos aciagos, de nuevo, clamo al viento. Igual que la semana pasada, paso de hablar de lo de Repsol

Tiempos aciagos, de nuevo, clamo al viento. Igual que la semana pasada, paso de hablar de lo de Repsol, porque me resulta aburrido y sin gracia. Lo único que me saca de quicio de esta situación es la actitud de los españoles en general. Por ridícula, inapropiada, exagerada y sentimental. Como si los dirigentes de la petrolera fueran unos mártires, o la compañía me esté salvando la vida a diario. Más bien, al revés.

Pero ojo. Cuidadito con lo que es nuestro. Y “nuestro”, en este caso tiene tantos matices y notas a pié de página que pasaríamos la tarde en discusiones encendidas acerca de todas las consecuencias de esa posición, tanto en un bando como el otro.

Mi idea es, que se maten entre ellos. Políticos, empresarios, altos directivos, mete patas profesionales, observadores de la prensa, y órganos tipo G20 o FMI.

Pero los españoles, ay los españoles. Así somos de exaltados, como nos hierve la sangre, Así dejamos que nos suba la bilirrubina con estas cosas. Supongo que en parte por nuestro carácter, por ese complejo de antigua metrópolis colonialista, por esa actitud tan nuestra de dar cañonazos y preguntar después. El patriotismo, querido lector, que tantos disgustos nos ha dado a lo largo de los siglos, y que a tantos salvaespañas ha inspirado.

Es que me duele, que encima, a los que toda esta historia nos resbala, nos tachen de antipatriotas, de no amar a nuestro país, de posicionarnos con gobiernos extranjeros simplemente por el color de nuestros líderes. Y me parece que es una incongruencia absoluta, que parte de ese espíritu de “si no estás con nosotros, estás contra nosotros”. Ni mucho menos, no es que la señora Kirchner (me ha costado dios y ayuda escribir el nombrecito) esté en mi lista de gente estupenda, pero me gusta ser coherente conmigo mismo. En este país, nos volvemos locos y entramos en ira cuando se expropia una compañía privada, que no es precisamente una ONG. Pero miramos hacia otro lado, o nos resignamos con parsimonia ante situaciones que son un ataque directo a nuestro modo de vida, tomadas desde despachos por gente que vive tan alejada de la realidad que ha perdido el norte, y el corazón por el camino. Los mismos hijos de chacal que se atreven, encima, a llamarme antipatriota. Nos llaman a poco menos que una revolución por lo que ocurre con unos cuantos piratas encorbatados, mientras destruyen poco a poco un sistema de seguridad social que era la envidia de toda Europa (que ha decidido que copiar el modelo es muy caro, así que mejor destruirlo), y la educación es cada día más precaria y elitista. Esta semana hemos conocido un paquete de medidas gubernamentales que es poco menos que suicida. Me encanta esa idea por la cual, para no parecernos a Grecia, debemos hacer exactamente lo que Grecia hizo mientras cavaba su pozo. Subidas en las tasas universitarias, descenso de las partidas presupuestarias dedicadas a educación (la educación es cara, pero ya veremos lo cara que nos sale la ignorancia de las generaciones futuras), y previamente, una amnistía a todos aquellos que defraudaban al fisco. Es decir, los culpables de esta crisis salen con las manos limpias, mientras la gente de a pié paga sus consecuencias.

El estado del bienestar se hunde, con excusas basadas en falacias, medias verdades, o directamente mentiras. Pero lo que nos revuelve las tripas es que los argentinos reclamen lo que es suyo. Pues que quieren que les diga. A lo mejor nosotros deberíamos hacer lo mismo.

Ay, España, como dueles.

Santiago Negro  [email protected]


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