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Monterrey N.L.

LOS HÉROES QUE NUNCA PUDIMOS SER

Terminamos el postre, una excelente tarta de queso casera. Nos ha traído a este sitio en particular, precisamente, gracias a sus cantos de sirena acerca de las exquisiteces de la tarta en cuestión. Cierto es que hace honor a la leyenda que llevamos horas escuchando. 

Hace tiempo que nos nos vemos, ha estado de un lado a otro, ahora que, por lo visto, su opinión se cotiza en alza y todo el mundo reclama su presencia para algún que otro sarao. A pesar de los jaleos y aplausos, mantiene el tipo, sigue armado con la socarronería de cínico descastado de la que siempre ha hecho gala, pero, eso sí es cierto, sentencia de manera más contundente, producto de audiencias habituadas a glorificar su palabra.

Con nosotros guarda las formas, claro, que son muchos años. Se puede decir que nosotros fuimos sus primeros discípulos. Aunque entonces éramos más crédulos y manejables, la verdad. 

Nos habla de sus batallas, de las perdidas y las ganadas. De ese concepto tan vapuleado como es “la lucha”, así, entre comillas. 

Rememora los momentos, con cierto aire de nostalgia de dinosaurio, después de tantos años en el mismo barco en zozobra. Dejamos que cuenta, que fabule, imagine y recuerde, porque se sabe  ya presa de todo ese bagaje. 

Nos gusta escucharle, nos lleva a otro tiempo más sencillo, más honesto y mágico, que se ha diluido en el tiempo, las obligaciones y los sueños rotos. Él se mantiene al pie del cañón, armado con su sonrisa, con su manantial de carisma y frases lapidarias.

Brindamos con vino, aunque a ninguno de los cuatro presentes nos guste en realidad. Protocolo y costumbre ceremonial, supongo. Por que nos veamos pronto, por repetir con asiduidad estos encuentros, por toda esa colección de buenas intenciones. 

Aunque sabemos que pasaran años hasta que nos sentemos todos en la misma mesa. 

Se despide de nosotros, con el calor amable de viejo profesor. Nos da un par de consejos de última hora, sobre supervivencia básica de barricadas literarias. 

Cada uno encara el camino a casa, con el sabor del buen rato, aunque, como es predecible, tardaremos unos días en dejar atrás el poso amargo de las cosas que nunca fueron, las esperanzas que se desvanecieron, y, por supuesto, lo héroes que no pudimos ser.


@SantiagoNeg



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