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Monterrey N.L.

LOS LLANTOS DE NUESTROS MONSTRUOS

Todos son llantos, panegíricos interminables llenos de alabanzas. Maravillas y parabienes, que ha muerto un héroe. 

El símbolo de la paz, el venerable motor del cambio, un antes y un después en la historia de un país de tragedias e injusticia. Muere Nelson Mandela, así que unos cuantos sacan el colirio de ojos, a ver si el lloro queda un poco más real. 

Pero olvidan que, antes que símbolo, Mandela era hombre. Luchador, comprometido, valiente y sacrificado. Que perteneció a las facciones más radicales de la lucha armada contra el apartheid, momentos de su historia maquillados por un lamentable ejercicio de relaciones públicas.

Queda la versión edulcorada de buenas palabras para el recuerdo, la imagen del pacífico prisionero 466/64 que cambió el mundo.

No quieren que recordemos que Mandela se jugó la vida, puso en duda lo establecido, puso su pellejo en peligro por un sueño de dignidad y justicia. No quieren que veamos al luchador detrás de la sonrisa. Según los medios, parece que Mandela se sentó en su celda y empezó a decir frases bonitas para adornar nuestro Facebook de palabras inspiradoras, pero no cuentan la verdad brutal en su biografía personal, antes de la presidencia, antes del mundial de rugby y los aplausos de la civilización occidental. No hablan de su militancia de izquierdas, de las traiciones políticas, del abandono por parte de la comunidad internacional, de que estaba declarado terrorista por la ONU, de su arresto tras un chivatazo de la CIA americana. No hablan de la soledad, de los escupitajos de Europa y América, que aplaudían el régimen racista sudafricano durante gran parte de su existencia. Mandela se pudría en la cárcel durante 27 años. 

Ahora acuden a funerales y homenajes todos aquellos que hubiesen deseado que la llave de su celda se perdiese en el fondo del océano. Hablan de su lucha y servicio a los demás, mientras ahogan y reprimen a sus respectivos pueblos. Hablan de las luchas de las minorías, al mismo tiempo que blindan sus fronteras. Golpean manifestantes, reducen el derecho a huelga, callan, amordazan, ejercen la más vil de las violencias, la que aplica un gobierno que se dice democrático contra el pueblo soberano. 

Hipócritas. Ellos que tienen el miedo de su parte. Ellos que encerrarán a mil Mandelas sin voz, sin fotografía, sin preciosas frases para adornar noticias. Ellos que hablan de ejemplo, pero golpean las cabezas de los que piden cambios. 

Muestran mil postales con la imagen de Mandela como pacifista convencido. Porque es más útil así, manso, sin que nos recuerden que un día, Mandela también significó rabia. 


@SantiagoNeg



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