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Monterrey N.L.

De boca a boca... o a otras partes

 

Esta semana estuve pensando de que otros modos nos relacionamos con los alimentos, y me di cuenta que dichas relaciones van más allá de los confines de la cocina. La comida a través de la historia ha sido simbolismo de placer, de lujo y lo prohibido, desde los ingredientes afrodisiacos y los banquetes de las antiguas civilizaciones, pasando por el fruto prohibido del Edén, hasta la actualidad.

 

Ambos aspectos, alimento y sexo, son necesidades sin las cuales la humanidad no podría existir, están conectadas, por lo que el deseo que producen proviene de la misma raíz, y esto nos permite que experimentemos una gratificación física similar. Como respuesta a ello hemos glorificado a algunos alimentos como substitutos del sexo, del mismo modo que los hemos objetivado como insinuaciones y comparativos sexuales, el ejemplo más común sería el chocolate en el primer caso.

 

Está conexión también es explorada por el arte en sus distintas formas, una de ellas es la literatura moderna con títulos como Chocolat de Joanne Harris, donde el chocolate es representado como un símbolo de sexualidad y de tentación en tiempos de cuaresma. Otro ejemplo es Como Agua Para Chocolate de Laura Esquivel, donde las emociones como la pasión se transmiten de la cocina a al plato. Y del mismo modo también podemos encontrar esta relación en la literatura antigua, ¡y en los lugares menos esperados!, como en la literatura musulmana, en la cual encontramos poemas y cuentos como Las Mil y Una Noches que hablan sobre los placeres carnales, representados como sexo y comida, de tal modo que esta presentación tan sensual de como los musulmanes consumían sus alimentos, estimuló la actitud de la elite europea a la hora de disfrutar de los suyos.

 

Por otro lado, para aquellos que necesitan algo más descriptivo, existe un un género que lleva esta conexión aún más lejos, donde los autores nos llevan directo a la cama, un género que se lee exclusivamente en la privacidad de nuestra casa, y este es el llamado Food Porn (¡No hablo de las redes sociales!), el cual es bastante más crudo que aquel género erótico-romántico en el que participaba Johanna Lindsey, con esas inolvidables portadas pseudo eróticas de los 90's con mujeres de vestidos rasgados en brazos de hombres musculosos y de mechas largas.

 

Este grupo de autores nos hablan desde los lugares más obscuros de su imaginación, nos involucran en situaciones que nunca pensamos vivir, nos presentan a personajes tan torcidos que nunca creímos llegar a conocer, y nos introducen en un mundo tan alejado de nuestra realidad que ni siquiera pensábamos que pudiera existir. Lo que nos engancha en un inicio es el modo en el que algunos de escritores titulan sus obras, ya que con nombres como Grenadine de Hanne Blank, The Vegetarian de M.I Blue, Fugu de Bianca James y Cherry Slushee de Alison Tyler nos es inevitable no querer tomar su libro y digerirlo en pocos bocados.

 

Y es así como analizando las muchas formas en la que se relacionan la sexualidad y los alimentos, me quedo pensando, ¿Es acaso la comida el nuevo sexo? 


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