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Monterrey N.L.

Después de misa

Después de misa, tres jóvenes miembros de la congregación se reúnen a la salida y empiezan a presentarse entre ellos:
Me llamo Pablo, pero no soy apóstol.
Me llamo Pedro, pero no soy santo.
Bueno, mi nombre es María, y no sé qué decir...

 

 

San Pedro llama a un ángel y le dice:
Esta mañana tengo que ir a hacer un par de trámites a una nube, así que te dejo cuidando las puertas del Cielo.
El ángel, aterrado, le dice que no tiene idea de a quién tiene que dejar pasar y a quién no, pero San Pedro lo tranquiliza:
Mira, por hoy vamos a simplificar. Aquí tienes una Biblia y un fajo de billetes de cien euros. Dale a elegir a los que lleguen: si cogen la Biblia les dejas pasar, y si cogen un billete los mandas al Infierno. Y aquí tienes mi número de móvil por si hay algún problema.
San Pedro se va, y pasa la mañana con sus cosas, hasta que suena el teléfono. Es el ángel:
Mire, San Pedro, hasta ahora todo iba bien, pero acaba de llegar un tío que cuando le di a elegir me dijo:
¿Puedo ver un poco?
Se puso a hojear la Biblia, y cada tanto decía:
¡Hum, qué interesante!
Y agarraba un billete de cien y marcaba la página; y así hasta quedarse con la Biblia y todos los billetes. ¿Qué tengo que hacer?".
Déjalo pasar, hijo, que ese es del Opus.


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