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Monterrey N.L.

Un cura es enviado a Alaska

Un cura es enviado a Alaska. Un obispo lo va a visitar un año más tarde y le pregunta:
¿Y cómo le va por acá?
Bueno, si no fuera por mi rosario y mis dos whiskys al día, estaría perdido. A propósito, ¿gusta un whisky?
Sí, por favor.
¡Rosario! ¡Tráele un whisky al obispo!

 

 

Un cura recién ordenado se confiesa por primera vez con su obispo:
Dime, hijo mío, ¿qué tal has llevado los votos durante esta, tu primera semana?
Verá eminencia, en cuanto a la pobreza he regalado mi hábito y me visto con uno que ya se había desechado, mis sandalias están rotas y llenas de agujeros y doy la mitad de mi comida a los pobres que vienen al comedor.
Muy bien, hijo mío, muy bien, continúa.
En cuanto a la obediencia hago cualquier cosa que me mande cualquier otro padre sin pensar en si es justo o adecuado, dando gracias al Señor por tener el privilegio de obedecer.
Muy bien, hijo mío, excelente, excelente.
Finalmente, eminencia, esta semana le hice el amor a 37 mujeres.
El Obispo casi se cae de la silla y con los ojos desorbitados pregunta:
Pero, ¡hijo mío! ¡Y el voto de castidad!
El curita, asustado y con cara de perplejidad responde:
Pero... pero... ¿no era de CANTIDAD?


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