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Monterrey N.L.

Halloween

Estaba sentado en la mesa del comedor. Eran las once de la noche y ni una sola bombilla se había encendido en el departamento. Por la ventana de la cocina se metía la luz de una farola que alumbraba débilmente una parte de la mesa. El hombre vestía una larga gabardina de un indistinguible color oscuro. Contemplaba con tristeza una hoja de papel que tenía ante sí. Parecía muy vieja y amarillenta, pero el papel era de una calidad impresionante.

Un gato negro maulló cerca de la ventana y el hombre volteó a verlo. La luz de la farola ilumino su cara. Tenía dos enormes huecos negros en el lugar de los ojos, y otro par más pequeño en el lugar de la nariz. No tenía piel ni cabello. Y toda la calavera brillaba con energía, el hueso era muy parecido a los dientes saludables de una persona viva. El gato ronroneo placenteramente y el hombre volvió su vista al papel para hacer unas anotaciones, y después se levantó.

Afuera soplaba el viento fresco de octubre, que levantaba el polvo y la basura tirada en la orilla de la banqueta. La luz de la luna buscaba al dueño de unos pasos que sonaban por el lado oscuro de la calle, pero no consiguió encontrarlo.



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