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Monterrey N.L.

Otra vuelta de tuerca, de Henry James

La ambigua y controversial novela corta de Henry James ha dejado  ya más de un siglo de discusiones, análisis e interpretaciones que la consagran como una de las joyas de la ficción psicológica. Es sin duda, una genial muestra de los alcances del arte de la literatura, pues dependiendo de los  enfoques con los que se encare a esta obra, se le pueden dar múltiples significados.

En esta novela, James utiliza el recurso del unreliable narrator para contarnos lo que podría interpretarse como una historia de fantasmas y enfermedades mentales.

Siendo contemporáneo de Sigmund Freud, y por lo tanto del nacimiento de la psicología moderna, Henry James se apoyó en algunas teorías de la personalidad y la neurosis para desarrollar su historia. Cabe mencionar que Henry fue hermano menor de William James, un notable pensador y psicólogo estadounidense a quien la psicología le debe conceptos tan originales e interesantes como el pragmatismo, la psicología de la consciencia, la biopsicologia, entre otros.

Pero, más allá de toda la carga psicológica de la novela, Otra vuelta de tuerca es sin duda una obra que debe ser experimentada por todo aquel aficionado a las historias de fantasmas.

En el próximo párrafo daré mi breve interpretación personal de la novela, así que si no la has leído y tienes interés en hacerlo te recomiendo no continuar hasta que hayas concluido la novela.

 

“”SPOILERS””

 

Esta interpretación de la novela “cabría en una nuez”, como dicen los angloparlantes, y es la siguiente. El personaje principal, la institutriz, viene a ser un catalogo descriptivo de la histeria freudiana. De hecho, la historia de esta mujer bien podría pertenecer a uno de los ejemplos clínicos de los casos de Freud y los demás teóricos. Salvo por el hecho, muy importante, de que Henry James no nos dio la interpretación y el significado de los comportamientos de la protagonista, y dejó al lector la tarea de hacer su propio análisis.

La historia se desarrolla en la Inglaterra victoriana. La institutriz, mujer soltera y procedente de una familia humilde con principios morales muy elevados, se ve en un fuerte conflicto al enamorarse de su patrón, quien la contrata para encomendarle el cuidado de sus dos sobrinos: Miles, un niño de diez años; y Flora, una niña de ocho.

El ‘enamoramiento’ de la institutriz nunca es un hecho explicito y confirmado en la novela, pero uno lo puede deducir muy fácilmente. Las averiguaciones que hace nuestra heroína acerca del pasado de la casa la llevan a enterarse de una ilícita relación amorosa entre la anterior institutriz y un capataz. Esta revelación la sitúa en una posición en la cual se identifica con su predecesora y surge en su inconsciente un fuerte deseo sexual por su patrón. La mayor parte de la trama de la novela es básicamente el intento de represión que hace nuestra protagonista. La pareja de niños que tiene bajo su cuidado son un recordatorio constante de sus deseos, y se ve inconscientemente forzada a recurrir al mecanismo de defensa de la formación reactiva. A sus ojos, los niños están libres de todo defecto físico y moral, y los coloca en una categoría similar a la de los “ángeles del cielo”. Y, para justificar las “manchas” e imperfecciones morales se ve forzada a  inventar a los fantasmas de la señorita Jessel y Peter Quint, en quienes deposita todos los pecados y deseos sexuales que la incipiente pubertad de los niños le quieren traer a la consciencia. Conforme avanzamos en la novela atestiguamos la degradación y fracaso de la represión de la institutriz, quien termina comportándose de una manera enfermiza y obsesiva que lastima y perjudica finalmente a sus dos protegidos.


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