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Monterrey N.L.

Y EL REY COGIÓ SU FUSIL

Madre mía, como está la cosa de calentita. Tenemos tantos frentes abiertos esta semana

Madre mía, como está la cosa de calentita. Tenemos tantos frentes abiertos esta semana, que uno no sabe qué carta jugarse. Tenemos el órdago argentino con Repsol, pero eso lo dejaremos para otro momento, cuando la situación gane puntos en mi termómetro personal. Ahora mismo, si escribo lo que pienso, es posible que aparezcan en mi casa varios exaltados con antorchas, con la amenaza de una lapidación por falta de españolía, y esta semana me viene fatal que me prendan fuego.

Así que voy por la vía fácil y un poco canalla, porque he decidido que se merece este espacio nuestra insigne casa real, que esta semana ha sido fuente de mofa, risa, escarnio, cabreo e indignación. Todo eso y más.

A ustedes, lectores de las Américas, el concepto de rey les puede, incluso, resultar un tanto ridículo, ya que viven en una zona de centenaria tradición republicana. Pero en algunos sitios de Europa, nos puede nuestro pasado de cuento de hadas (pueden aplaudir, si lo desean), y tenemos esta figura a la espalda, para el recuerdo constante de las contradicciones que en esto que llamamos democracia se dan.

Lo cierto es que el rey, en este país de nostalgia y memez, ha servido tradicionalmente para que ciertos sectores exaltados vean un punto de unión entre ese ir y venir del concepto España. De hecho, trabajó un día, 23 de Febrero de 1981, y desde entonces se ha convertido en adalid de la democracia y la coexistencia de los españoles. Repito, así somos aquí.

Es que el rey caía simpático, todo el mundo le reía la gracia, y vivía con ese aire de campechanía que tanto le acercaba al pueblo que paga sus facturas. Vamos que si yo me ato el zapato, pues una cosa más que hago, oiga, pero como lo haga el monarca en un acto oficial, tenemos portada para todos los periódicos de tirada nacional, provincial, o de barrio. Así es la habitual bajada de pantalones ante la figura real y allegados.

Pero las cosas cambian con una velocidad pasmosa. La primera en la frente, el yerno de Juancar (permítanme que le llame así, que es muy campechano) ha montado un buen follón, ya que lo han pillado en unos negocietes un poco fraudulentos, con dinero de las mermadas arcas públicas de por medio. Si es que la familia, por muy real que sea, da muchos disgustos. Ha lidiado la faena del esposo de la infanta con elegancia, con algún consejillo de llamada a la austeridad, con esa idea de que las figuras notables han de dar ejemplo en tiempos de dificultad.

Y que bien que quedó, amigos.

Pero esta semana, le hemos pillado en una situación de esas que en esta piel de toro nos tomamos con la misma crispación que sentido del humor. Porque chistes ha habido para todos los colores, en plena crisis acuciante, con una clase media que desaparece por momentos, con un gobierno que aplica medidas suicidas sumidos en una alegría apocalíptica, y con la sensación de que tendremos que votar en las próximas elecciones alemanas para saber quién nos gobierna de verdad. Va el monarca y se va de caza. A Bostwana. A matar elefantes. Toma, toma y toma. Nada de cazar conejos en Villasequilla, insigne pueblo Castellano Manchego, no… elefantes en Bostwana. A 30.000 eurejos el paquete básico de aventurero con abolengo.

En otro momento, puede que esto se hubiese quedado en una anécdota, un nota a pié de página, o un par de artículos en algún periódico rojillo. Pero es que la situación es la menos adecuada de la historia de la actual democracia española, en uno de sus periodos más negros y confusos. Cuando se nos llama a la austeridad, cuando vemos como se recortan (ajustes, lo llama el actual gobierno) nuestros derechos más básicos, cuando se mutila la educación y la sanidad públicas, orgullo y esfuerzo de todos los españoles; cuando la cifra de parados crece mes a mes ante la inutilidad de las medidas que se toman, resulta que el jefe del estado se monta unas vacaciones de millonario de medio pelo.

El excelente trabajo de relaciones públicas de la casa real se ha ido por el sumidero estos días. De repente, muchas voces se alzan para preguntarse la utilidad de la figura del rey, y las contradicciones que representa en una democracia. Da otra lección acerca de la diferencia brutal de realidades que vivimos la gente de a pié y la pandilla que nos gobierna. Y añade un poco más de leña a un fuego que no estaba falto de combustible, precisamente. Pero como he dicho al principio, los españoles somos muy nostálgicos, y un poco memos. La polémica pasará, en un par de meses tendremos una losa aún más pesada, nuestro monarca encontrará otro bicho que liquidar. En fin. Lo de siempre.

Conste en acta que el rey es presidente de honor de WWF España, lo cual hace todo aún más simpático. Aunque está bien. Para que existan protectoras de los animales y la naturaleza, alguien tiene que ponerlos en peligro. Y para eso tenemos a nuestra “killing machine” monárquica; alguien tiene que hacer el trabajo sucio.

Santiago Negro     [email protected]


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