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Monterrey N.L.

Mary Jane’s Last Dance

Quien dice que la vida de un homosexual es fácil. Vivir con ese sentimiento enterrado en lo más profundo del corazón, temiendo expresarlo por ser considerado una enfermedad, una posesión demoniaca, una blasfemia. Un miedo y una incertidumbre terrible al imaginarse la reacción de familiares y amigos al saber que eres un anormal. El desprecio de los seres queridos y el aborrecimiento de la sociedad es lo que hace que esos sentimientos tan puros se mantengan en secreto.

Sentir la calidez y el amor de una pareja, compartir momentos especiales que quedaran para siempre guardados en el corazón es lo que todo ser humano desea, sin importar las preferencias.

Todas estas ideas pasan por la cabeza de Molly, quien a sus dieciocho años de edad siempre ha tenido preferencia por su mismo sexo.

Lo que más anhela en este momento es conocer el amor. Jamás se ha enamorado. Ella quisiera saber lo que se siente compartir ese sentimiento. Desde que era pequeña e iba a la escuela, sabía que le gustaban las chicas; jamás se sintió atraída por los chicos.

En la secundaria, sentía gran atracción por Melissa, a la cual nunca dirigió la palabra y mucho menos le confeso lo que sentía. Toda la gente de esta comunidad incluyendo a su familia, son gente muy religiosa. A Molly siempre le fue enseñado que la homosexualidad era uno de los pecados más aborrecidos por Dios y que los homosexuales irían al infierno y arderían por los siglos de los siglos. Sin darle importancia a las creencias de su familia y la gente del pueblo, jamás tuvo miedo de ser lo que es y por nada del mundo cambiaría su forma de ser.

De igual manera, por no querer complicarse la vida, se mantiene esos sentimientos en secreto.

Desde esa chica llamada Melissa, Molly no volvió a sentir algo por alguien. Ella desea con todo su corazón encontrar a una chica que la haga sentir viva.

La vida en una comunidad granjera puede ser muy aburrida, sobre todo para una jovencita con tantas aspiraciones en la vida. No hay mucho que hacer ni mucha gente que conocer. La vida es muy rutinaria en este lugar.

Una agradable y cálida mañana como cualquier otra, Molly se levanta, desayuna, se da un baño, luego se viste y salé a darle de comer a los animales. Su padre se encuentra en el establo y su madre en la cocina.

Qué imagen tan agradable es apreciar a tan bella chica alimentar a los caballos angelicalmente.

Después de terminar de alimentar a todos los animales, da un paseo por los campos, se sienta debajo de un árbol a escribir poemas y canciones; ya dada la tarde, se dispone a dar uno de sus acostumbrados paseos al panteón de la comunidad, un lugar enorme con innumerables tumbas y lapidas de todos tamaños y formas.

Molly suele andar por todo el lugar, saltando, bailando, cantando y lanzando flores a las tumbas. Ella cree que eso alegra a los muertos.

Después de terminar su recorrido, se dirige a un bello lago que se encuentra cerca; se dispone a nadar un rato mientras el sol se mete, alumbrando el lago y el campo con una luz rojiza.

Antes de que caiga la noche, regresa a su hogar.

De nuevo es otra agradable mañana. De nuevo a la misma rutina, alimentar los animales, escribir poemas y canciones, después dirigirse al panteón.

El aire corre con fuerza levantado las hojas y haciendo que el cabello de Molly se mueva mientras baila y canta lanzando coloridas flores a las tumbas.

De pronto, a lo lejos, puede ver una figura, que aparenta ser una mujer; se acerca lentamente sin hacer mucho ruido.

Y tenía razón, era una mujer; mejor dicho una chica, una joven chica con un curioso vestido azul marino, pálida con cabello lacio y café claro que estaba hincada sollozando afligida sobre una tumba.

-¿Te encuentras bien?

-¿Eh? Ho-¡Hola! Sí, ¡estoy bien! (sonrisa amigable)

-Me llamo Molly, ¿eres nueva por aquí? Nunca te había visto.

-Sí, nos mudamos aquí hace poco.

-Ya veo, con razón no te reconozco, jamás olvidaría a una chica como tú jaja.

-¿Por qué lo dices? (se sonroja)

-¡No! ¡No! ¡Por nada! Jajaja ¡no me hagas caso!

-Está bien, y dime, ¿qué haces aquí en el panteón? ¿Visitas a algún ser querido que murió?

-No, suelo venir a menudo a cantar, bailar y lanzarle flores a las tumbas. Sé que suena extraño pero, en verdad lo disfruto, los muertos se alegran.

-Suena divertido, espero un día me invites. ¡Yo también quiero alegrar a los muertos!

-¡Pero claro! Me encantaría. Jamás creí que alguien más se interesara en hacer eso conmigo. Solo debo advertirte que hay demasiadas tumbas, es casi imposible tirarles flores a todas en una tarde.

-Entonces vendré contigo todos los días hasta llenar de flores todas las tumbas.

-¡Genial! Me encanta la idea. Pero bueno, debo irme, se hace tarde y todavía iré a nadar al lago que esta por aquí no muy lejos.

-¿Un lago? ¡Adoro nadar!

-¿Quieres venir? ¡Vamos!

-¡Claro que sí! ¡Vamos!

Las dos chicas se dirigen alegremente sonriendo y bromeando hacia el lago. Es como si se conocieran de toda la vida. Después de nadar un rato salen del lago y se sientan debajo de un árbol a vestirse y alistarse para irse a sus hogares.

-Por cierto, me llamo Mary Jane.

-Mary Jane, ¡que hermoso nombre! Jajajajaja me emocioné tanto que había olvidado por completo preguntarte tu nombre. Bueno se hace tarde debo irme, ¿te veo mañana a la misma hora en el mismo lugar?

-Por supuesto que si Molly, ¡ahí estare!

-Hasta mañana Mary Jane. ¡Estoy muy contenta de conocerte!

-Y yo igual.

Molly regresa a su hogar sonriendo felizmente como nunca, al entrar su madre le pregunta a que se debe tanta alegría, “Es que conocí una nueva amiga que es muy divertida” dice Molly, “Me alegro por ti hija” le contesta su madre con una sonrisa en el rostro.

Recostándose en su cama, no deja de pensar en Mary Jane, en sus lindos ojos cafés claro que se ven amarillos a la luz del sol, su hermoso cabello, su bello rostro angelical con esa tierna sonrisa.

“Debo estar soñando” se dice a sí misma.

Ya es un nuevo día, todo parece ser más bello que de costumbre. ¿Acaso es amor? ¿Acaso al fin se está enamorando?

Al terminar de hacer sus labores, se sienta debajo del árbol a escribir poemas y canciones como de costumbre, solo que ahora está más inspirada que nunca.

Por fin llega el tan esperado atardecer, Molly llega al panteón y se encuentra con Mary Jane como lo acordaron. Al verla, sintió una extraña sensación en el estómago que jamás había sentido en su vida, lo cual la sorprendía pero no la asustaba.

-¡Viniste Mary Jane! ¡Qué alegría!

-Pero claro que sí. No me perdería una tarde contigo alegrando a los muertos.

Las dos jovencitas comienzan a bailar, saltar, cantar y a lanzar flores a las tumbas, se toman de las manos, giran y juegan felizmente. Han llenado de flores una gran cantidad de tumbas dándole a este fúnebre lugar un aspecto alegre.

Al terminar de bailar, se dejan caer al césped muy exhaustas.

-¿Molly?

-¿Si? (respira agitada)

-Porque dijiste que nunca olvidarías a una chica como yo…

-¿Eh? No, ¡por nada! yo, yo no quise…yo (se sonroja)

Mary Jane se levanta y le da un pequeño beso en los labios a Molly, lo cual la deja sorprendida.

-Bueno debo irme. ¡Adiós!

-E…¡espera!

-Nos vemos mañana, misma hora mismo lugar, ¡no lo olvides Molly!

Mary Jane se aleja rápidamente, Molly sigue recostada en el césped sin moverse, solo que ahora tiene una sonrisa que no puede borrar de su boca y siente una felicidad que cree que provocara que su corazón estalle.

Cuatro días después, al terminar su baile en el panteón, Molly y Mary Jane se recuestan debajo de un árbol enfrente del lago a apreciar el bello sol poniente reflejarse en las cristalinas aguas.

-Mary Jane, quiero que seas mi novia.

-Acepto Molly, supe desde el instante en que te vi que eres la persona con quien quiero pasar el resto de mis días.

-¿En serio? ¡Me haces muy feliz! Estos últimos días han sido maravillosos nunca creí encontrar el amor aquí en este lugar, ni tan rápido.

-Lo sé, ni yo.

-Toda mi vida he guardado este sentimiento en lo más profundo de mi corazón, manteniendo mi identidad en secreto por miedo al rechazo, pero ahora que te tengo en mi vida, estoy dispuesta a enfrentar todo y a todos por nuestro amor.

-Lo mismo digo yo mi querida Molly.

Las chicas se levantan, es hora de irse. “Conozco un lugar muy agradable, ¿quieres venir?” le pregunta Mary Jane a Molly la cual acepta la invitación.

El sol se ha escondido y ahora la luna está presente. Las dos chicas se encuentran sentadas apreciando la hermosa pradera.

Molly toma el rostro de Mary Jane con ambas manos y le da un cálido beso; le siguen las caricias.

Molly y Mary Jane hacen el amor por primera vez.

Ambas chicas duermen en el césped rodeadas de flores que aun siendo de noche, no han cerrado sus pétalos. Despertándose ambas al mismo tiempo, se alejan de aquella hermosa pradera y se dirigen a sus hogares.

Un nuevo día y Molly se levanta más alegre que nunca, está enamorada, finalmente encontró al amor de su vida y no puede estar más contenta; quiere gritar a los cuatro vientos que ama con todo su corazón a Mary Jane.

Llegada la tarde, de nuevo se dirige al panteón en donde siempre se ven.

-Mira Molly, traigo cientos de flores de todos colores (le muestra la canasta repleta de flores)

-Excelente, yo también traigo muchas. ¡Empecemos!

Las dos enamoradas comienzan a lanzar las flores a las tumbas mientras bailan y bailan sin parar.

Al terminar su acostumbrado baile, caen rendidas, se abrazan, acarician y besan amorosamente.

“Me has hecho muy feliz, siempre te voy a recordar y te amare por toda la eternidad” le dice Mary Jane a Molly la cual se está quedando dormida recargada en su hombro. Ahora duerme profundamente; al despertar, Mary Jane ya no está al lado de ella, “Mary Jane, ¿Dónde estás?” grita repetidas veces pero no hay respuesta. “Qué extraño que se fuera sin despedirse” susurra mientras se levanta del césped. Un viento fuerte y muy helado sopla haciéndole girar la cabeza hacia atrás, al descubrirse la cara  y abrir los ojos, ve una lápida:

Mary Jane Petty

1853-1871

Molly jamás volvió a ver a Mary Jane.


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