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Monterrey N.L.

Money

Ahí estaba yo, en esa aburrida exposición de arte a la cual fui invitado por mis jefes del trabajo. Aburrido, porque no soy un amante del arte solo veía senos y traseros. De pronto, ahí estaba, la mujer más sexy y provocadora del lugar. No le preste atención a su rostro por un par de minutos, pero cuando lo hice quede pasmado, ¿Cómo es posible que esas curvas asesinas pudiesen ser acompañadas por un hermoso rostro? No podía dejar escapar esa oportunidad, soy bien parecido, las mujeres rara vez me dicen no, así que tengo la autoestima suficiente para hablarle, pensé. Mientras me acercaba a ella note que acompañaba a un anciano en silla de ruedas, un viejo desagradable y moribundo, el cual pensé era su padre. Mi idea fue acercarme a él para preguntarle qué tiempo era, entablar una pequeña conversación y así después poder charlar con su hija, y así lo hice.

-Disculpe señor, olvide mi reloj y mi celular murió, me podría decir ¿Qué tiempo es?

El señor solo me miro como diciendo “Este pendejo que quiere.” lo cual me molesto un poco.

-¡Oh! Lo siento, él es sordomudo.

-Lo lamento mucho señorita, no sabía que su padre tenía este problema, lo lamento mucho en verdad.

Al haberle dicho esto me sentí incómodo y me disponía a alejarme cuando la chica me tomo del brazo, y nos quedamos a espaldas del viejo.

-Él no es mi padre, es mi marido.

-¡Vaya! Jamás me hubiera imaginado eso.

-Lo sé, pobre, está muy enfermo.

-Bueno y, ¿cómo es que se conocieron? es una pregunta muy personal lo sé, pero me intriga.

-¡Jajajaja! Es una historia muy graciosa sabes, yo me encontraba en un restaurante comiendo sola, hace aproximadamente dos años y medio. Enfrente de mi estaba Charles, su nombre es Charles Donahue. Note que él se comunicaba en lenguaje de señas, así que supuse que era sordomudo y…

En ese momento el viejo volteo e hizo unas señas.

-Charles quiere ir al baño, ¿me esperas por favor?

-Claro que sí pero, ¿volverás verdad?

-Por supuesto que sí, emm…

-Jonathan, me llamo Jonathan ¿y tú?

Clara, me respondió mientras se alejaba llevando al viejo Charles al baño.

Aproximadamente quince minutos después salieron del baño, unos hombres se acercaron a Charles y comenzaron a platicar con él, en lenguaje de señas obviamente, él se quedó muy entretenido y Clara lo dejo para acercarse a mí.

-Bueno Jonathan y ¿en que estábamos?

-Me decías que estabas en el restaurante y lo viste hablar en señas y…

-Ah sí, sí. Entonces supuse que era sordomudo y me acerque a él para preguntarle la hora, ¡justo como tú lo hiciste tonto! Jajajaja

-Lo lamento te juro que no tenía idea.

- Esta bien, ya, no pasa nada, bueno te decía, quería saber la hora por que ya tenía que regresar al trabajo y ver si aún recordaba el lenguaje de señas que desde que mi madre murió cuando yo tenía dieciséis no volví a utilizar.

-¿Tu madre también era sordomuda?

-Sí. Bueno, entonces  me acerque a él y le dije “Disculpe señor, ¿me podría decir la hora?” y él me dijo:

-Mira nada más, te diré algo pero no lo tomes como ofensa.

-Dígame usted señor.

-Eres rubia, tienes una linda cara y a simple vista te vez como una chica que no sabe ni escribir un ensayo o sumar sin calculadora, ¿cómo es posible que sepas lenguaje de señas?

-Lo aprendí por necesidad, para poder comunicarme con mi madre.

-Ya veo, ya veo, bueno lamento haberte juzgado por tu apariencia.

-No se preocupe.

Mientras Clara me contaba esta historia era imposible no notar que el viejo Charles nos echaba las miradas, era incomodo, ese viejo tenía una mirada profunda y penetrante.

-Ya ve que las apariencias engañan, le dije y él sonrió, desde entonces seguimos saliendo, y a las pocas semanas nos casamos.

-Vaya que historia tan interesante, me alegro por ti, y ¿tienen hijos?

-No, nunca tuvimos hijos es prácticamente imposible él ha estado enfermo desde que lo conocí.

-Vaya eso sí que es amor, me imagino que el tendrá una ex esposa e hijos por ahí ¿no? ¿Has tenido algún problema con alguno de ellos?

-Charles nunca se había casado y no tiene hijos, ni familia, está solo en el mundo.

-Ya veo…pero te tiene a ti.

-Morirá pronto y su fortuna pasara a mis manos, que triste es saber que yo tampoco tengo a nadie con quien disfrutar de esa fortuna.

En ese momento Charles y yo cruzamos miradas, el me miro amenazantemente, como si supiera que algo malo planeábamos su esposa y yo.

Cuatro meses después Charles Donahue murió. Clara heredo su fortuna y para entonces nosotros ya éramos amantes. Mucho antes de que el viejo muriera ya estábamos juntos.

Después del entierro, nos dirigimos a su mansión para celebrar que éramos ricos, bebimos, bailamos e hicimos el amor por toda la casa como dos jóvenes universitarios. Entrada ya la media noche nos dirigimos a la habitación que era de ella y el viejo, abrió un maletín y saco muchos billetes los cuales lanzo y volaron por toda la habitación.

-¡Somos ricos Jonathan! Tenemos todo, tendremos todo lo que cualquiera pudiese desear. Más de dos años aguantando a ese viejo apestoso para poder quedarme con todo  y al fin lo he logrado, y aparte te tengo a ti, encontré el amor, ¿Qué más puedo pedir? ¡Hazme el amor Jonathan! ¡Házmelo como nunca!

Sus palabras en ese momento me hicieron arder y le hice el amor como nunca lo había hecho antes, era tanta la euforia que ambos queríamos llorar en el momento del éxtasis, al llegar a ese punto donde vimos estrellas, ahí estaba el, Charles Donahue estaba parado justo detrás de Clara, estaba pálido, sus ojos eran completamente negros y su rostro lleno de furia, al verlo me quede congelado, El tomo a Clara por detrás, apretando su rostro reventándole los ojos y penetrando su cerebro, la sangre de Clara me baño de pies a cabeza. Después de asesinarla se quedó parado ahí, viéndome, yo estaba completamente inmóvil, jamás sentí tanto terror en mi vida. Donahue sonrió tenebrosamente mientras me miraba directamente a los ojos y se acercaba lentamente hacia mí, de pronto, estábamos cara a cara, el sobre de mí, su maléfico rostro hizo que mi corazón se detuviera, después abrió su boca y vomito litros de sangre sobre la mía.

Desperté en este lugar con paredes blancas, un manicomio estoy seguro, no sé cuánto tiempo tengo aquí, lo único que sé es que estoy sordomudo y solo puedo comunicarme en lenguaje de señas, el cual, no sé de donde lo aprendí tan perfectamente.


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