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Monterrey N.L.

“Un Destello En La Noche” (Parte 1)

Una tranquila y silenciosa noche de Octubre del año dos mil nueve…


La luna llena brilla con esplendor alumbrando los oscuros bosques, reflejando la luz añil en las montañas y en la larga y curvilínea carretera que se aprecia desde las nubes. Un viento frio y fuerte hace que las copas de los árboles se muevan de un lado a otro, provocando un relajante sonido como el de las olas del mar. De repente, el silencio y la quietud son  interrumpidos por un automóvil que viaja a gran velocidad; lo conduce un joven de enormes ojos negros llenos de lágrimas. El joven llora histéricamente mientras fuma, bebe una botella de whiskey Jack  Daniels y escucha una canción melancólica de la década de los ochenta. En el rostro del muchacho, se aprecia una inmensa tristeza combinada con furia; no deja de llorar a gritos mientras le da largos tragos a la botella de whiskey. ¿Qué pudo haberle pasado a este joven para sufrir tanto? ¿Que podría lastimar mucho a un chico tan apuesto que aparenta provenir de una familia adinerada, de buena vida y que puede conseguir a la chica que desee, o que probablemente tenga por novia a una súper modelo y sea envidiado por muchos? ¿Qué pudo sucederle?

Una hora y Cincuenta y seis minutos atrás, Hunter Skurkis de veintiséis años de edad, regresaba a su hogar de un viaje de negocios. Por algún motivo u otro,  regresó a casa dos días antes de lo planeado. Él decidió no avisarle a su esposa Mary-Ann Skurkis que volvería antes de tiempo para sorprenderla y así pasar un par de días juntos y salir a relajarse a algún bello lugar. Al llegar a su hogar (una hermosa y gigantesca casa de tres pisos con acabados rústicos, un gran patio rodeado de enormes y frondosos árboles y pinos en lo más alto de la montaña, acompañada de un bellísimo lago de aguas cristalinas) se sorprendió al ver un coche desconocido estacionado en la entrada de su hogar. “¿Quién será?”, se preguntó. No reconoció el automóvil, no era el de ninguno de sus amigos o familiares, a menos que lo hayan comprado y lo estuvieran estrenando. Estacionó su coche detrás del desconocido auto, se bajó, se guardó las llaves en el bolsillo y miró con atención a las ventanas. Había demasiada quietud y ninguna luz encendida lo cual se le hizo un tanto misterioso. Entró por la puerta de atrás, esperando encontrar a Mary-Ann en el patio trasero con sus amigos relajándose o bebiendo algunos tragos, pero no había nadie. Lo cual tenía mucho sentido ya que hacía  mucho frio y había demasiada quietud en todo el lugar. Ya estando dentro de la casa su corazón comenzó a latir más fuerte, había mucha oscuridad, una paz y quietud que parecía que la casa estaba completamente vacía. Hunter caminó por la espaciosa sala, después echó un vistazo a la cocina y no había nadie, pero en el comedor había platos, vasos y cubiertos sucios como si hubieran cenado. Después se dirigió a las escaleras, al ir caminando voltio hacia los cuadros colgados en la pared y vio el retrato de recién casados y de su luna de miel en Europa. “Mary-Ann lucia tan bella aquella tarde en Paris, con ese pequeño vestido negro, su piernas se veían largas y sensuales” pensó  mientras observaba el retrato. Mary Ann era una mujer muy hermosa, su piel era muy blanca, parecía de cera, su cabello era largo, negro y lacio, sus ojos eran grandes, penetrantes y azules como el cielo, un cuerpo sensual, envidiado por mujeres, deseado por hombres. Cualquier hombre mataría por una mujer como Mary-Ann, pero también cualquier mujer mataría por un hombre como Hunter, en fin, una pareja perfecta.

Hunter comenzó a subir las escaleras silenciosamente, su corazón latía más y más fuerte con cada paso que daba, sentía que se le salía del pecho, no quería pensar en nada, no quería descubrir lo que era obvio que descubriría, “tal vez es una amiga de la universidad y tienen una noche de chicas, jajá.” Comenzó a ponerse muy nervioso, su cabeza comenzó a dolerle y sintió que se mareaba cada vez más, estaba a punto de desmayarse.

El último escalón y  ya se encuentra en el largo y oscuro corredor, su recamara esta al fondo, se ve algo de luz salir por el marco de la puerta. Comenzó a caminar lentamente hacia su recamara. Estaba empapado en sudor, temblaba y sus piernas se tambaleaban. Estando ya a unos pocos metros de distancia de la puerta de la recamara logró escuchar gemidos de placer, gritos, quejidos.

En ese instante sintió que su alma abandono su cuerpo y que su corazón estalló dentro de él. Se quedó inmóvil por unos segundos, sin parpadear y sin respirar. Calló al suelo silenciosa y lentamente de rodillas con lágrimas escurriendo por todo su rostro hasta el cuello y llegando a su pecho. Se levantó temblorosamente, dio la vuelta y camino de regreso a las escaleras.

Bajó las escaleras lentamente, encorvado y completamente derrotado, volteó  de nuevo a ver los retratos colgados en la pared, los de recién casados, de su luna de miel, de sus viajes por todo el mundo, de momentos felices y recordaba cada momento especial, cada sonrisa, cada aventura, cada promesa de amor, cada te amo, tanta historia juntos. “¿Por qué Mary-Ann, Por qué? Qué acaso no fui lo suficientemente hombre para ti. Qué acaso no te hice feliz.” se dijo a sí mismo en un tono de voz muy bajo mientras lloraba con dolor.  Mary-Ann y Hunter jamás tuvieron una sola discusión grave en todos los años que vivieron juntos, eran la pareja ideal; una hermosa casa, buen empleo, salud, viajes, amigos, en fin, una pareja como de un cuento de hadas. Siguió caminando y se dirigió a la cocina, tomo un cuchillo y lo puso apuntando a su corazón. “¡No puedo con esto! No puedo con tanto dolor. ¿Oh Dios por qué?”. Se dejó caer al suelo de rodillas con el cuchillo apuntándole al corazón mientras lloraba inconsolablemente, era tanto el dolor y decepción que sentía; la vida se le iba. Su rostro expresaba el inmenso dolor que corría por sus venas de una manera tan  desgarradora que a cualquiera que lo viera se le partiría el corazón.

Él estaba decidido, iba a clavarse el cuchillo justo en el corazón y así morir y no tener que sentir esa horrible sensación nunca más. Presiono el cuchillo contra su pecho, y presiono un poco más hasta que sintió el dolor, cuando de pronto abrió sus enormes y llorosos ojos negros y su rostro sin expresión alguna; sintió la ira correr por sus venas, aventó el cuchillo, se levantó del suelo, camino lentamente pero ya no lloraba ni se encorvaba, ahora caminaba derecho, subió las escaleras, se dirigió al armario que estaba a algunos metros de su recamara, entró, tomo una escopeta, le puso los cartuchos que se encontraban en una pequeña caja detrás de la escopeta, se dirigió a su recamara, mientras más se acercaba más se escuchaban los gemidos de placer. Abrió de golpe la puerta de la recamara, cargo el arma y sin decir o dar tiempo de nada disparo salpicándose de sangre el rostro y la ropa dejando irreconocibles a Mary-Ann y a su amante.


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