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Monterrey N.L.

Desde muy, muy atrás

Qué contestarías si alguien te preguntara, ¿del 1 al 10, qué número crees que eres? 
La respuesta diría mucho de nosotros mismos y creo que de dependería del momento personal en el que estuviéramos. Si estamos un poquito “depre”, contentos, reflexivos, etc.

Pues navegando por Netflix,  el fin de semana pasado vi la película Desde muy, muy atrás (The Way Way Back, 2013) y precisamente así empieza la película. Trent (Steve Carrell) se lo pregunta a Duncan (el protagonista) un puberto aparentemente deprimido. El chico le contesta que es un 6, y Trent le dice que él cree que es un 3. Desde mi punto de vista, el momento más cruel de la película. El personaje de Carrel es un patán.

Situada en un pueblo playero y durante las vacaciones, cuenta la historia de un chico tímido  en la horrenda edad de 14 años,  que tiene que pasar el verano en la casa del odioso novio de su mamá. Aburrido y aparentemente solitario porque nadie parece hacerle mucho caso, el chico agarra la bicicleta de la hija del susodicho novio y termina consiguiendo trabajo en un parque acuático donde entabla una sincera amistad con uno de los gerentes del parque, Owe, un tipo noble y muy simpático.

No voy a hablar de especificaciones técnicas ni soltaré nombres porque ni sé como se llaman el guionista, ni el director, ni nadie, pero personalmente me encantó la película, me hizo mucho reír, se trata de una propuesta muy honesta y sin pretensiones que resulta divertida, pero en el fondo retrata de manera muy cruda el vacío y la tristeza por no encontrar motivaciones en la desconcertante existencia, y a eso súmale, una familia disfuncional.

Hay una frase que dice la mamá del chavito, interpretada Toni Collete, que me sacudió y más o menos dice así: “Hay veces que para poder seguir con nuestra vida, aceptamos cosas para no vivir con miedo” WOW. Cuanto de verdad tiene esa frase, o lo que es lo mismo, cuantas veces nos hacemos “chaquetas mentales” para según nosotros estar bien, con una situación familiar,  en nuestro grupo de amigos, o con una relación para “no meternos en problemas”.  Cuantas veces por miedo a la soledad, aceptamos, y peor de todo, creemos que estamos con la persona correcta y realmente estamos siendo muy infelices. Por nuestra incapacidad de valorarnos, amarnos y darnos cuenta que merecemos algo mejor nos quedamos con la persona equivocada que constantemente hiere nuestra autoestima o simplemente no somos profundamente plenos.

Y precisamente es el protagonista de 14 años (Duncan), al que todos ven como tonto y “loser”, el único  capaz de ver los errores de los adultos e identificar las consecuencias de estos actos (adulterio, miedo a la soledad, falta de valor para confrontar al otro) y es el, aparentemente “débil”,  quien saca valor y se atreve a confrontar a su mamá para que se de cuenta que es mejor estar sola a estar con la persona equivocada.

Al final de la película, el chavito, muy triste,  le dice a Owen (su amigo del parque acuático) que el novio de su mamá le dijo que es un “3” en la escala del 1 al 10. Y Owen le dice: “claramente te dijo eso porque no te conoce, eso solo habla de él, no tiene nada que ver contigo”

Del 1 al 10, cada uno de nosotros somos 10 porque somos diferentes, y esa individualidad es lo que nos hace únicos y valiosos, así que cuando  alguien nos diga que somos un 3 o un 2, solo pensemos que lo dice desde su propia experiencia, hay que tomarlo de quien venga y no nos permitamos creer una opinión de nosotros mismos venida de alguien más. Somos más, valemos más.


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