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Monterrey N.L.

Un viaje para mi

Ya hace muchos meses que me encuentro fuera de México.
He estado viviendo en Madrid y he tenido la oportunidad de viajar y conocer muchas ciudades de España y de varios países europeos.

El viajar "de mochilazo" es una experiencia única e irrepetible, emocionante, expectante, y se podría decir que hasta adictiva. El compartir tu cuarto en un hostal con tres, cinco o siete personas mas de diferentes nacionalidades, razas e ideologías te deja un aprendizaje enorme. Hablar con cada uno es como hablar con una cultura, con un país entero.

El viajar solo, como yo lo hice en la mayoría de las ciudades que visité, te deja un gran aprendizaje de vida. Te hace vulnerable a todo. Vulnerable a no entender nada porque no sabes el idioma, vulnerable a enfermarte y no traer medicina y pagar una consulta medica que te deje sin presupuesto por el resto del viaje, vulnerable a perderte en barrios peligrosos de una ciudad desconocida, vulnerable a perder tu vuelo por no saber que linea de metro tomar, vulnerable a pagar de mas en restaurantes caros por no saber cual es "el bueno", en fin, son demasiados riesgos a las que estamos expuestos. Pero ¿saben qué? vale la pena tomarlos, porque el tiempo que pasas solo, contigo mismo, hablando contigo, aprendiendo a disfrutar esos mágicos lugares contigo mismo, es el tiempo mejor invertido en tu vida. Precisamente es en esa vulnerabilidad, cuando haces una introspección y te das cuenta de tus miedos, de tus inseguridades, de esas barreras que no te permiten ser feliz plenamente, conoces tus deseos, tus anhelos, tus prioridades en la vida. 
El pasar de las horas caminando por lugares con tanta historia conociendo en cada sitio que vas a una persona nueva, se te hacen pocas, y cuando anochece, sientes que le hace falta tiempo a tu día.

Me topé con un sin fin de personas, todas ellas, buenas. Realmente y lo digo en serio, recobré la fe por la humanidad. Doy gracias a mi roomie inglés en Roma por regalarme su medicina #antigripal cuando mas la necesitaba, a los couchsurfers que me hospedaron en su casa en Lisboa, a la francesa que me explicó el mapa del metro de Paris, a la mesera en Berlín que no me cobró porque no traía efectivo y no funcionaba la terminal, al viejito holandés en Amsterdam por ayudarme a quitar un candado en mi bicicleta, a la chica coreana que me regaló su tarjeta del metro de Barcelona, a la de la agencia de viajes en Atenas por salvarme la vida y así podría seguir. Fueron personas buenas, mi mamá dice que son ángeles que me manda Dios para cuidarme, yo pienso que las personas somos buenas por naturaleza, solo basta descubrirlo en cada uno, y eso es lo que me ha enseñado este viaje.

Ser bueno, no nos cuesta nada y le podemos cambiar el día, la semana o el mes a una persona.
En estos viajes conocí a muchos mexicanos, y déjenme decirles que si, no porque sea el mes patrio, pero los mexicanos somos muy buenos. Tenemos esa fama en el mundo y lo comprobé; siempre alegres, siempre dispuestos a ayudar, siempre con una sonrisa, siempre solidarios.

Lo que mas me gustó de conocer tantas culturas, fue descubrir lo grande que es la mía. Fue darme cuenta de lo valiosos que somos como nación. Muchas veces tenemos que irnos muy lejos para darnos cuenta de que nosotros si podemos, si valemos, si somos chingones.

Porque frente a todo mal pronostico para perder el ánimo, están todas las esperanzas en recuperarlo, y frente a todas las razones para no ver, están todos los motivos para abrir los ojos: la casa azul de Frida Kahlo, los murales de Diego Rivera, las enchiladas suizas del Sanborns, el cine de Cuarón, el desierto de Coahuila, los portales de Puebla, el mole oaxaqueño, la literatura de Carlos Fuentes, los tacos al pastor con piña y cilantro, la valentía de los paisanos para regresar cada año en navidad, el pan de pulque, el malecón de Puerto Vallarta, las canciones de Jose Alfredo, los churros de "El jarocho" en Coyoacán, el centro de Zacatecas, tomarse un caballito de tequila, el humor de Cantinflas, la inteligencia de mi padre, los picos coloridos de las piñatas en las posadas, el "¿a donde lo llevo valedor?" de los taxistas en DF, los mangos con chile clavados en un palo de madera, los niños indígenas vendiendo pan de elote en Chiapas, el palacio de Bellas Artes, los textos de Germán Dehesa, un mercado en Guanajuato, el elote desgranado con chile y mayonesa, el himno nacional, las mujeres trabajadoras de Monterrey, el saludo amable de un yucateco, el sarape de Saltillo.

Este es mi pedazo de país que tengo colgado en mi corazón y son las razones para volver y hacer de mi país un mejor lugar para vivir, no solo para mi, si no para todos. Quiero vivir en un país sano, incluyente, seguro, próspero, en un país feliz. 
Y regreso para, como fueron conmigo, ser buena persona y poner mi pedacito para lograrlo.

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