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Monterrey N.L.

Justicia destructiva

El Estado de Nuevo León tiene una cantidad de reos que sobrepasa el límite de sus capacidades. Los factores que envuelven este fenómeno son variados y van desde la imperante, abrumadora y destructora desigualdad en el Estado hasta la desastrosa discrecionalidad de los procesos penales. ¿Cómo despresurizar los penales? ¿Cómo enfrentar el problema de la creciente entrada de reos al penal?

Tal vez sea necesario atacar la problemática desde el punto de vista de la política criminal. Tal vez haya que enfocar los esfuerzos del Estado en la disminución del crimen. Sin duda variables necesarias para lidiar con el monstruo de la inseguridad. Aunque si tomamos una visión holística de la problemática, el Estado tiene ya varios años conceptualizando el proceso de la criminalidad y las cárceles siguen atiborradas de “criminales” cuyas características tienen particularidades incongruentes con el valor de la justicia.

¿No es la prisión un castigo al comportamiento antisocial independientemente de su posición económica? Obviamente las prisiones de Nuevo León no siguen esta máxima. La población carcelaria está ahí porque no tienen los recursos económicos para salir. No es nada nuevo. ¿Qué se puede decir del nivel educativo de los prisioneros? Cualquiera pensaría que no quisieron estudiar.

Las soluciones en los centros penitenciarios deben ser de carácter sustentable, hay maneras de reducir el número de personas que ingresan a los penales y encontrar el modo de disminuir los casos de reincidencia con programas educativos que se implementen con prioridad alta.

Según Guillermo Zepeda, la libertad condicional procede una vez que se han reparado los daños y se hayan cumplido tres quintas partes de la condena para delitos dolosos, la mitad de la condena en delitos no intencionales o culposos y la sanción puede reducirse si se trabaja dentro de la prisión. Justicia restaurativa. No es suficiente para la despresurización.

Pongámonos en el contexto. Las prisiones no disminuyen las tasas de criminalidad. Las prisiones afectan a los internos pues les nubla su juicio, imposibilita la formación de una familia, trae enfermedades psíquicas y fisiológicas y los estigmatiza ante la sociedad. Aún peor, la prisión amplía las redes delictivas y diversifica el accionar criminal lo que alimenta los índices de criminalidad a largo plazo.

Lo bueno es que hay diversos ejemplos en el mundo sobre como abolir o sustituir la pena de prisión. De esto podemos tomar muchas enseñanzas. La próxima semana un listado de programas e ideas para enfrentar esta problemática que ya han sido implementadas con éxito en otros países. No se trata de disminuir los índices delictivos sino de revalorizar la justicia y ofrecer soluciones sistémicas.

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