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Monterrey N.L.

La educación como método alternativo al castigo de prisión

Este ensayo tiene como finalidad proponer una política pública para disminuir el número de presos que ingresan a los penales en México buscando alternativas educativas para el castigo de la reclusión tomando en cuenta diversos factores.

La actualidad de México se ha visto envuelta en un proceso violento. Desde hace algunos años hasta ahora, los niveles de violencia se han incrementado considerablemente. Las causas son diversas y existen muchas opiniones al respecto. El crimen organizado, la delincuencia, la inseguridad son algunas de las problemáticas que señalaría cualquier ciudadano; sin embargo, el incremento en la violencia ha traído como efecto la ingobernabilidad en los centros penitenciarios. Esto se ha convertido en un problema primordial, por lo menos en Nuevo León, donde la fuga de 30 reos del penal de Apodaca en el mes de febrero atrajo la mirada de especialistas en todo el país y levantó una estado de preocupación por lo que pasa dentro de las cárceles. Sin duda la sobrepoblación es uno de los problemas que existen dentro de los centros penitenciarios, no sólo en Nuevo León, pues es un problema que aqueja también al resto de la República y gran parte de Latinoamérica.

En muchos centros de rehabilitación, los presos viven en condiciones deplorables, están inmersos en el hacinamiento, sin posibilidad de que sus opiniones sean tomadas en cuenta, son personas olvidadas por el orden establecido. La prisión se ha convertido en lugar de reclusión donde la rehabilitación es casi inexistente.

A pesar de la reforma penal del 2008, muchos de los planteamientos no han sido implementados de la manera esperada. En Nuevo León, el nuevo Código Procesal Penal que recién entró en vigor al iniciar 2012, ha recibido críticas por parte de diversas figuras públicas por su falta de adecuación al marco constitucional de los derechos humanos. Además, existen trabas en el andamiaje institucional del sistema penal que no han permitido garantizar una vida digna dentro de los penales. Esto, aunado a que los procesos penales que se llevan a cabo en México no son imparciales y existen numerosos casos de inocentes en prisión. Como lo exponen Marcelo Bergman y Elena Azaola, “El efecto disuasorio de la privación de la libertad es limitado ya que quienes terminan en la cárcel no son, por lo general, los delincuentes más peligrosos y sofisticados, sino mayoritariamente quienes no pudieron corromper a las autoridades o no pudieron montar una defensa adecuada.” (Bergman, 75)

 


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