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Monterrey N.L.

¡Gracias totales, bitch!

Lo que ha significado Joan Rivers, las causas de su muerte y el revuelo mediático por las fotos eróticas -porque ni siquiera son porno como dicen- de Jennifer Lawrence, lo único que se demuestra es que el show bussines está en completa decadencia. Ni hablar del mundo del espectáculo latino que se reduce a unas cuantas notas de disque celebridades echándose agua encima y presentadoras de televisión, que le hacen competencia en México a la Rivers, cambiándole los nombres a los artistas, demostrando que en verdad no tienen una regalada idea de la triste función que desempeñan.   

 

Más allá de todo lo que está ocurriendo con Estados Unidos, es importante asumir que sociedades enfermas -y no solamente la gringa sino también a nivel mundial- generan personas enfermas, celebridades enfermas, instituciones enfermas y valores completamente trastocados, sin que eso se interprete como conservadurismo trasnochado.

 

Joan Rivers, hasta cierto punto, era un ejemplo de personalidades enfermas: la obsesión por la eterna juventud, la exacerbación por las apariencias, la crítica férrea como arma de defensa, la frivolidad como negocio. Por muchas de esas cosas era famosa, querida e idolatrada.

 

Sin embargo Joan Alexandra Molinsky era también una mujer de armas tomar. Inició su carrera como actriz de teatro, fue autora de varios libros, productora de televisión, empresaria y me cuesta leer que la mayoría de los medios sólo la reducen a comediante y a <<policía de la moda>>, como siempre -evidentemente- será recordada. A falta de héroes de carne y hueso, mejor un maniquí plastificado, dispuesta a decirle las verdades en la cara a la gente o al menos a las Kardasians, otras de las heroínas gringas.

 

Ahora su muerte es sólo una lección para los que se toman muy a la ligera eso de las cirugías plásticas y las intervenciones quirúrgicas de belleza artificial, demostrando que sí se pueden quedar tendidos en el quirófano. El aporte político más grande de Rivers siempre será haber acusado al presidente Obama de <<gay>> y a su esposa de transexual -cuando supuestamente apoyaba a los homosexuales mientras usaba la orientación sexual como insulto- y en sus libros -según los reviews porque ni tengo ánimos de leerlos-  lo único rescatable son sus pruebas y su apoyo a organizaciones que luchan contra la depredación animal por parte de la industria de la moda.      

 

A la par y mientras tanto las fotos eróticas de Lawrence revolucionan Internet, con tanto cinismo como si la cantidad de <<pornografía>> ya no nos bastara. Pero lo divertido era ver si era cierto que la niña linda de la peli Juegos del Hambre salía con los senos descubiertos, para constatar la pérdida de su inocencia. De cualquier forma se los hubieran visto; por la “carrera ascendente y exitosa de la actriz” lo único que le faltaba para otro Oscar era sacar una movie donde tranquilamente hubiera mostrado sus pechos y hasta más de lo que se le vio. Sólo que eso no le hubiera dado tanta fama como las fotitos recientes.

 

Mientras tanto poco se dice de por qué y cómo llegaron esas fotos a manos del público. Poco se habla de las repercusiones legales que caerían sobre los diarios y páginas web que publican a diestra y siniestra las fotos de la niña medio desnuda y mucho menos se escribe de la pérdida de privacidad de datos online, en estos tiempos donde nadie se salva de tomarse fotos sugestivas para mandárselas a la parejita de turno. ¿Qué no tendrán entonces los hackers o programadores de Facebook, Google, Instagram o Twitter de nosotros, los demás mortales? Lo que pasa es que todavía no les interesamos porque no nos hemos ganado nada en los <<Óscares>>, ni somos tan famosos como para que nuestras fotitos sean un negocio para darle PAN Y CIRCO a la gente.

 

Y después, el mismo día, la muerte de Ricardo Cerati, digo, de Gustavo Cerati. La triste muerte anunciada y el también desenlace fatal de un coma profundo, un poco más duradero o dramático que el de Joan Rivers, es una noticia tan triste, como darse cuenta quién pasará sin pena ni gloria. Pero el dramatismo de esos fallecimientos lo decidirá en todo caso la opinión publica dividida, en los próximos días, con la que se sabrá el grado de <<farandulerismo>> que tiene la gente. Los medios que más hablen del cantautor argentino de Sosa Estéreo y los que más homenajeen al influyente músico del rock iberoamericano, quizás demostrarán solamente más apego a los aportes artísticos de merecida calidad, contra la farándula chismosa. Pero la triste realidad es que la muerte de Cerati es ya una noticia vendible para los que no quieren hablar de Joan Rivers y para los que hacen intentos por no quedar como <<malinchistas>>, resaltando lo destacado del mundo del espectáculo latino. Sin embargo no importa: llámese como se le llame, conocido o no conocido, hubo una vez un cantautor inigualable que cayó en coma después de un concierto y en un escenario -por cierto venezolano- dándolo todo por su música y por su público y no por andar intentando ser más bello nada más por fuera.

 

Con muchos ánimos de querer comparar lo incomparable y sin caer en mojigaterías, como lo que se dice por las fotos de Lawrence, siempre sabremos dar las <<¡Gracias… totales!>> a quien lo merece, bitch.


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