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Monterrey N.L.

La telenovela que TELEVISA no quiere que veas

En cuanto a #lacasablancadeEPN me quedó con varias conclusiones que quizás no sean siquiera un ápice de duras, contundentes, acertadas o tan creativas como las que hemos visto en cientos de <<memes>> que se han regado como pólvora por Internet, referente a todo lo que se ha dicho de parte y parte sobre el video de la Angélica Rivera.  


Sin más ni menos y seguramente parafraseando lo que muchos han dicho, el caso se parece a una novelita más de esas que se ven en un país acostumbrado a paralizarse por el capítulo final de la Gaviota de turno. Incluso hasta la protagonista evidencia una pésima actuación y como de costumbre de 9:00 a 10:00 pm, leyendo guiones sin fondo como los de Televisa, siempre involucrada en los todos los dramas hasta presidenciales y artífice de todas las patrañas con las que engañan y adoctrinan a los mexicanos.


Ahora es otra primera dama, la de turno, quién es cuestionada y criticada con más ahínco, por la influencia de las redes sociales, pero como ha pasado siempre con las señoras de Los Pinos y como en otros casos de corrupción que al final nunca se resuelven, sino que quedan tapiados por los escándalos siguientes, con la novela siguiente.


Lo importante de está vez son las consecuencias. Hay un tono de arrogancia presidencial que desenmascara el trato y la insolencia con la que la realeza mexicana se dirige hacia sus empleadores a los que por principios se deben, tratados más bien como súbditos. Hay un testimonio de desprecio que quedará como evidencia, en video y en hemerotecas y que quizás sirva como prueba para juicios futuros en cortes penales, de incluso instancias internacionales. Hay un pronunciamiento que se ve como una obligación y no como un derecho hacia la población, por parte de una servidora pública que encima de todo niega su condición, cuando el Estado y los contribuyentes le pagan hasta las cuentas de sus maquillistas. Hay una demostración de altanería imperdonable para con la <<plebe>> y la <<prole>> a quienes exprimen para pagarse sus caprichos y los de su familia, poniéndolos además por encima de los verdaderos intereses.


Queda en evidencia y con un tono de merecido escarmiento, los vínculos corruptos y el compadrazgo de Televisa con el gobierno, al tiempo en que los rumores presumían que la televisora privada había orquestado un guión perfecto para llevar a la presidencia a una familia que enamorara a los votantes y cuyos integrantes sirvieran de marionetas para complacer otros intereses. Ahora se confirma todo.


También se confirma con la novelita quienes son los periodistas que, independientemente de su ideología, se necesitan para construir un país en democracia y con transparencia y quienes se prestan para el engaño y para tapar la corrupción, con un dedo. Aristegui usa el poder que le ha dado la opinión pública para destapar un caso que le dará más credibilidad, porque todavía no le tiembla el pulso para denunciar lo que a leguas huele a desvío de fondos y a triquiñuelas. Mientras tanto, Ciro Gómez, quién quedó en ridículo durante la elecciones defendiendo los “arrasadores” números de Peña Nieto, que lo dejaron mirando a los lados, ahora avala y patrocina las acciones de la herida primera dama, como lo hace un niño de colegio que defiende a otro en el recreo. Lo publica no porque en verdad piense que no hay nada raro en que una actriz de televisión se pueda pagar una casa de 7 millones de dólares, de arquitecto de renombre y con valiosas obras de arte y todo. Lo hace porque detrás de su defensa cree ingenuamente en la aprobación y la firma para que MILENIO TV salga en televisión abierta nacional. El dinero en los ojos lo distrae de la credibilidad y lo obnubila, sin darse cuenta que la poderosa televisora no quiere competencias, aunque otros también le barran el piso a la mujer del presidente.


También queda en evidencia el descontento de la población mexicana hacia sus políticos y mandatarios. Un descontento que viene creciendo en México. Un descontento, que como cualquier cáncer, explota por cualquier razón, por muy tonta que sea está vez la novela o el detonante y por cualquier caso, independientemente de su parecido a los anteriores. Los mismos números de Ciro Gómez han hablado. Esa amplia mayoría que se creía apoyaba a Peña Nieto, cada vez se desmorona más con casos como los el de Ayotzinapa que sigue indignando a la población. Y si ese descontento se agrava, la crisis de gobernabilidad puede ser insostenible y puede llevar a desenlaces más graves, como el arribo al poder de oportunistas y otros charlatanes que propongan soluciones tan irreales como los finales de las telenovelas de Televisa.


        

     



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