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Monterrey N.L.

No somos Venezuela

Cuando vivía en México me tocó convencer a unos cuantos que López Obrador no era la persona correcta para enrumbar al país hacia lo que todos esperaban de ese sueño del siglo XXI, que se perdió en cualquier lista de misiones y visiones fantásticas. En aquel entonces lo hacía porque sabía que AMLO se parecía mucho a Chávez y el miedo de que ganara, me dejaba un tufillo como el que habíamos olido los venezolanos en el 99. En la universidad les explicaba a mis compañeros las similitudes en aquellos personajes e invertía horas en discursos explicando que era más lo que el chavismo había destruido que lo que se había hecho en pro de Venezuela. Pero muchas veces me tenía que callar la boca cuando escuchaba una verdad dolorosa: México no es Venezuela.


Ahora que vivo en Alemania las cosas no han cambiado mucho. Ni hablar de quienes defienden al gobierno chavista y las supuestas ayudas sociales como si fueran dádivas, cuando son una obligación. Ni hablar de los que todavía se atreven con ignorancia a decirme que a pesar de todo, las cosas han mejorado a nivel social en mi país y ni hablar de los alemanes izquierdosos que sin vergüenza se han dispuesto a poner como ejemplo las políticas chavistas para realzar el socialismo y el comunismo en un país tan próspero como Alemania.


Hace poco se llevaron a cabo comicios parlamentarios para el congreso europeo y entre otras sorpresitas, la izquierda ha sumado adeptos, sobre todo en España. Ahora entonces me toca explicarles a mis amigos y conocidos españoles los peligrosos vínculos entre PODEMOS, Pablo Iglesias y el gobierno corrupto de Venezuela.  Me toca relatarles las coincidencias históricas en las que los españoles se encuentran, mismas que nos llevaron a nosotros al fracaso con el chavismo como la opción prometedora. Entonces vuelvo a escuchar lo mismo: España tampoco es Venezuela.


La excusa de <<no somos Venezuela>> les sirve a muchos, como les sirve a los drogadictos decirle a otro: <<yo no estoy tan mal como tú; yo puedo dejarlo cuando quiera>>. Es un consuelo. Al final la crisis de valores es la misma y al final esa atmósfera de caos e incertidumbre es la que llevan a muchos a pensar en mecías milagrosos. Al final cualquier opción que no se parezca a lo de antes, será siempre lo más atractivo porque la gente se cansa.


El chavismo y sus tentáculos castro-comunistas hacen metástasis en la política mundial, aprovechándose de cualquier crisis para presentar candidatos y campañas, prometiendo villas y castillas, para terminar haciendo lo mismo que criticaban: robar a manos llenas, velar por sus propios intereses y engañar a la gente. Por si fuera poco, terminan gobernando peor que antes porque carecen de bases sólidas ideológicas, políticas o económicas que le hagan frente a la crisis, ya que lo que prometen son puros encantos de serpiente en épocas en las que se presentan como única solución.


Pero entonces… ¿Dónde está la verdadera solución? Me preguntan. ¿Cuál es la fórmula perfecta para acabar con los gobiernos corruptos y los conflictos de intereses que hunden a los países en la ruina y provocan estallidos sociales, ante la falta de atención y amparo por parte del Estado? Me pregunto yo luego. Parecen más bien preguntas filosóficas, pero en verdad lo único cierto es que es imposible alejar las ambiciones partidarias, ideológicas o personales de los dineros del erario público y de las prebendas al administrar a un país. Hasta ahora no ha habido ningún gobernante en Hispanoamérica que pueda ponerse como ejemplo de políticas acertadas para la conducción de naciones con trabas complejas como las nuestras o que al menos haya empezado a sacar de la crisis a los países sin convertir su obligación y el mandato popular en toda una hazaña política costosa. La Colombia de Uribe y el Brasil de Lula, merecen el beneficio de la duda.   

Después de todo, en México no ganó Obrador, ni siquiera 6 años después en los comicios presidenciales siguientes. Felipe Calderón, desde su bancada le ganó pírricamente y salvó a México de ese destino turbio chavistoide. Sin embargo se olvidó de muchos clamores de la sociedad para enfrentar el cáncer del narcotráfico, pero con una pésima estrategia que lo volvió todavía más impopular. Peña Nieto, incumpliendo la promesa de deslindarse del PRI anterior y corrupto, no ha hecho más que imitar los fracasos del pasado y con una torpeza que lo único que ha puesto en evidencia es que pareciera tener jefes que proponen y disponen por él.


En España, la monarquía se ha convertido en blanco de ataques porque no han sabido manejar con honestidad las controversias ante la opinión pública, ni han sabido deslindarse de la corrupción bajo el beneplácito del gobierno. El PSOE, así como también el PP, han demostrado que están hechos de lo mismo y al fin han comprobado que eso de la derecha y la izquierda es la misma mentira cuando se trata de administrar el dinero público. Los gobiernos complacientes e ineficientes han arrinconado a la sociedad española a pensar que Pablo Iglesias es diferente.


Se trata entonces de las acciones que no llevan a cabo los gobiernos, en sus distintos países, para solucionar los problemas sociales por invertir los recursos en el beneficio propio o en la continuidad de los “proyectos políticos”. Se trata de entender que los gobernantes no son dueños del país que gobiernan, sino empleados que se deben a los votantes que los eligieron. Se trata de los sistemas presidencialistas o parlamentarios o monarquías, que independientemente de sus orientaciones ideológicas lo que han hecho y demostrado es un desprecio sin igual para con los ciudadanos. Se trata de un problema de idiosincrasia hispana en el que por cuestiones religiosas o culturales, creemos que aparecerán Chapulines Colorados que ayuden a resolver cualquier situación adversa, cuando la solución está en cada uno de nosotros, sobre todo con el voto LIMPIO, UNIVERSAL, DIRECTO y SECRETO. Se trata de países con inagotables recursos naturales, mineros y de inconmensurables riquezas que son muy difíciles de administrar. Se trata de tierras bastas, de El Dorado y de los patios traseros a los que le han puesto el ojo desde hace siglos, como si fuéramos una banca de préstamos ilimitados que hay que saquear.


Mientras tanto yo seguiré arrebatándoles los votos al chavismo y al castro-comunismo -que es ya lo mismo- y donde quiera que yo esté. Seguiré explicando que al menos ESE, no es el camino del éxito win win que todos aspiramos, porque tengo derecho y porque he vivido la debacle de mi país en carne propia y seguiré escuchando que España no es Venezuela, que México no es Venezuela o que incluso Alemania no es Venezuela. Pero de algo sí estoy seguro y es que al menos LA PEQUEÑA VENECIA, después de todo, por fin va de salida de esas crisis que parecían eternas. Quizás muy pronto Venezuela se convierta en ejemplo de liderazgo y progreso y quizás muchos dirán luego: ¡Ojalá fuéramos Venezuela!



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