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Monterrey N.L.

El arte de amar

La Sabiduría De Vivir
Ángel Ayala






Si entendieramos el enorme poder que tiene el amor, nunca, ni un sólo instante, dejaríamos de amar.

El amor es el mejor bálsamo, la mejor medicina; es un manantial de salud. Al final, eso es lo que realmente le da un valor a nuestra vida.

Nos pasamos mucho tiempo buscando un sentido a lo que hacemos, sin darnos cuenta que el sentido ya está implicito cuando amamos.

En la vida tenemos grandes asignaturas. Algunas de ellas son el trabajo, la familia, el aspecto económico y sin duda alguna, la más importante, la del amor.

Si habláramos del amor en pareja, pensaríamos en algunas ideas que se pueden considerar para encontrar una relación plena:

1.- Las relaciones sólo carecen de aquello, que nosotros mismos, no les damos. Básicamente son un reflejo de lo que somos. Si en un momento dado nos quejamos de que nuestra relación está vacía, muy probablemente los vacíos seamos nosotros; tal vez, no estamos aportando aquellas cosas que deberíamos.

2.- Todo el tiempo nos concentramos en la palabra amor, pero olvidamos que la palabra clave debe ser usada como verbo, es decir, como una acción. Si tu no amas, no hay amor. El amor es una consecuencia de amar, de moverte y de hacer.

3.- Tienes que convertirte en aquella persona que deseas encontrar. Tienes que ser tú ese ser por anticipado que te gustaría tener a tu lado. Si buscas a alguien cariñoso, entregado, fiel, comprometido, etc. antes lo tienes que ser tú, de lo contrario, cómo quieres que la otra persona pueda fijarse en ti.

Normalmente vivimos en un estado de amor condicional, posesivo, cargado de exigencias y de reproches. El verdadero amor es como una luz, se irradia en culquier dirección y sólo se vive cuando tenemos la capacidad de ir escalando a otros niveles; niveles donde nos damos cuenta, de que todos estamos conectados, y si herimos a los demás, nos estamos hiriendo a nosotros mismos.  

En todo tipo de relación amorosa hay que respetar tres espacios: el tuyo, el mio y el nuestro. Tiene que haber independencia, confianza, indulgencia (tolerancia con las faltas) y ternura.

El siguiente pequeño relato que expongo, tiene que ver con la identidad del concepto de la pareja: Un hombre llamó a la puerta de su amada pidiéndole entrar. Ella preguntó desde el interior: ¿Quién es? El hombre respondió: Soy Yo. La mujer le contestó: Ve al bosque, medita y vuelve en un año. Así lo hizo el hombre y regresó después de ese año de ausencia. Tocó de nuevo y la mujer preguntó: ¿Quién es? El hombre respondió: Soy Tú. La mujer dijo: Entra amado mio, no había en esta casa lugar para dos Yoes.

El amor debe ser fusión, sin olvidar el respeto a la individualidad. El amor es apertura, y más que pasión, debería de ser compasión, es decir, ponernos en el lugar de la otra persona e identificarnos con sus necesidades para tratar de atenderlas.

Sin darnos cuenta,  las películas, las novelas, el mismo mundo de fantasía Walt Disney, probablemente han hecho mucho daño en nuestros conceptos del amor. Todo está perfecto al final de la película, hay un beso y todos felices. Sin embargo, la caída viene cuando llegan las facturas del agua, la luz, el gas, etc. La convivencia por lo general es el verdugo del amor. La rutina comienza a afectarnos de tal manera, que olvidamos de ver con ternura a la persona que está a nuestro lado. Existe un adagio en ese sentido, un tanto negativo, pero cierto para muchas personas, que dice: Si alguien te gusta, aléjalo de ti y te seguirá gustando.

Una de las cuestiones que tenemos que meditar es: ¿Estás amando desde el ego? o ¿estás amando desde el verdadero Yo?

Cuando amamos desde el ego hay aferramiento, hay afán de posesión, hay exigencia, hay reproches, hacemos cargos a los demás y hay competencia de personalidades.

Cuando amamos desde el Ser, amamos desde lo profundo del sentimiento de unidad, procuramos desear para los demás lo que deseamos para nosotros. Aquí nos damos cuenta del poder del dar, aquí si aplica el concepto de que entre más damos más recibimos.

Definitivamente hay que aprender a cooperar. No hay nada más complicado que el combatir a los demás y el convertirlos en enemigos. Tenemos que entender que caminamos por una misma senda y que las alianzas son el medio para seguir.

Toda persona que necesita entender el concepto del amor debe ubicar tres etapas: La dependencia, la independencia y la interdependencia. Nacemos con la dependencia; dependemos de padres, de situaciones, de parejas, pensamientos, emociones, etc. Después viene la independencia, donde intentamos romper esos esquema y tratamos de ir hacia una libertad superficial. Finalmente viene la interdependencia, donde nos damos cuenta que para conseguir una libertad real, tenemos que movernos hacia el interior de cada uno de nosotros; aquí se respeta la individualidad y luego se comparten los principios y valores, que posteriormente se desarrollarán en conjunto.

En el amar muchas veces se confunde el termino de enamoramiento; este nivel puede llegar a ser una enfermedad, ya que en ocasiones actuamos como atolondrados, aturdidos y eso nos enferma de "amor". Por eso, cuando nos dejan o nos abandondan nuestras parejas, nos sentimos desamparados, desvalidos y es como si hubiéramos perdido el alma.

Depositar tu alma por completo y sin conciencia en la otra persona, es sinónimo de un enamoramiento, que al final, puede causar mucho dolor. Decía el autor del Principito: Amarse no sólo es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en una misma dirección. Por eso hay que sentirnos siempre muy bien, primero en soledad y luego en comunidad.

Existe otro cuento corto, que nos relata la importancia del punto dónde debemos concentrar la atención en una pareja: Era un acróbata que tenía como acompañante a una pequeña damita. En uno de sus espectáculos, el acróbata ponía a la niña arriba de sus hombros y ella hacía algunos actos de equilibrio. El acróbata le dice a la niña: "Para no tener accidentes, tú  tienes que estar muy pendiente de mi y yo muy pendiente de ti". La niña le responde: "Oh no maestro, así no funcionaría. Para que esto salga bien, tú tienes que estar muy pendiente de ti y yo muy pendiente de mi.

Al final, uno nace solo y uno muere solo. En las noches, al ir a dormir, uno entra solo a ese mundo, luego hay que aprender a vivir en soledad y convertir nuestras sensaciones en creativas, fecundas y motivantes; después de haber superado todas nuestras carencias emocionales, egos y miedos, hay que aprender a comunicarnos y entrar en comunión profunda con los demás.

Si algo necesita este mundo es amor y compasión. Necesitamos ejercitarnos conscientemente en el camino. Ubicar a cada persona y aceptarlos tal y como son. Si no hay aceptación de uno mismo primero, dificilmente habrá aceptación a los demás.

Toda relación libremente elegida, es para que sea satisfactoria, si no lo es, hay que preguntarse ¿por qué seguimos ahí? Hay que entender que así como tomamos, hay que saber soltar.

A veces lo mejor de mi pareja es lo que yo imagino. Hay que tener mucho cuidado de todas aquellas características que ponemos a las personas, que no son reales y que de alguna manera van construyendo una relación ficticia. Mucha veces el amor intenso no te permite ver a la persona como es, sino sólo como el placer que te reporta.

Cuando logramos traspasar esas capas de intensidad y comenzamos a entender lo que realmente es la persona, entonces formamos una unión distinta, donde la verdadera amistad empieza a convertirse en la base del amor.

En este mundo todo fluye, todo tiene un inicio y todo tiene un final. Al ser humano le encanta morir de amor; se muere tantas veces en la vida que al final la muerte es lo que menos importa.

La vida es una sucesión de muertes, de noches oscuras en el alma, de crisis; pero todo eso, si sabemos aprovecharlo, nos ayuda a amar más, mejor, generosamente y sin posesividad.

Buda mencionó 4 estados sublimes que también se les conocen como las moradas divinas o las santas moradas. Si estos cuatro estados estuvieran presentes en la mente del hombre, cambiaría por completo la concepción de la vida.

Estos 4 estados son: Amor, que es la base de todo; compasión, ponerte en los zapatos de los demás, alegría compartida, que es alegrarte de los éxitos ajenos para no caer en envidias; y ecuanimidad, que es el equilibrio necesario para poder estar atentos y corregir siempre nuestros caminos.

Dice aquella famosa frase: Ámame cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. Estamos muy acostumbrados a ese amor romántico literario, anímico, en donde el poeta juega entre dos límites, el exceso de felicidad y el exceso de tristeza. Así, llegamos al punto de tener un amor que nos desequilibra y rompe con nuestra personalidad.

Con esta reflexión del amor que aquí te expongo, intento abogar por un amor más consciente y sublime, que tienda a alejarse de los dramas y de la victimización.

Es cierto que los grandes poetas y escritores en su inspiración, nos han regalado grandes obras románticas, muy bellas, pero que para efectos prácticos de la vida en el amor, suelen ser contraproducentes o trágicas. Así, en ese sentido, la ruptura amorosa significa algo muy malo, porque así nos lo han mostrado. Este enfoque se percibe como un fracaso. Debemos de tener la conciencia de que aunque es una crisis, también puede ser una oportunidad de crecimiento para seguir abriendo el corazón de manera más efectiva.

Todo es una gran oportunidad para conocernos y seguir evolucionando. El que una persona nos deje, es una lección importantísima para nuestro ego. A veces podríamos sentirnos como si fuéramos una alberca, donde personas entran y personas salen a cada instante, pero lo más importante, es que siempre tengamos la oportunidad de estar bien con ellas de alguna u otra manera. Al final recuerda mirar hacia atrás y siempre tenerles sentimientos de gratitud y si eso no es posible, entonces intenta simplemente mantenerlas en una distancia terapéutica, donde no se rompa tu bienestar y tu equilibrio.

La clave en el amor siempre será una verdadera unión, que sólo se dará cuando podamos trascender nuestro ego y nos dediquemos a amar con todo nuestro Ser.

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