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Monterrey N.L.

El ego, un héroe que se convirtió en villano.

La Sabiduría De Vivir
Por Ángel Ayala
 
No nos damos cuenta, pero cada vez que conversamos con alguien, lo más probable es que no estamos teniendo una plática del todo real, o prácticamente, estamos hablando con alguien que no es quien pensábamos.

Dentro de cada persona, se encuentra una entidad que todo el tiempo está intentando fingir que somos nosotros. Esa entidad es conocida como el ego. Este "fantasma", incluso a llegado a adueñarse de lo que somos. Ha hecho desaparecer a nuestro verdadero Yo y a implantado formas muy superficiales y falsas en nuestros comportamientos.

En su origen el ego no tiene la intención de ser "malo", al contrario, se forma con el objetivo de darle una personalidad al ser. Se va integrando de lo que aprende con los ejemplos familiares, con la educación de las instituciones, con la vida en la sociedad, etc.; en sí, de todo aquello con lo que va teniendo contacto. 

Pero el tiempo y la deformación de nuestro entorno, se va encargando de darle un giro de 180 grados a este Yo superficial, y en lugar de ir de la mano con nuestra esencia espiritual, se va alejando de ella cada vez más.

Así, encontraremos que poco a poco el ego va influyendo en nuestras vidas en una forma no muy apropiada; nos maneja, nos manipula; a él no le gusta perder, así que intenta de mil maneras tener la razón. Se adueña de nuestras acciones y busca la forma de que seamos el centro de atención de manera egocéntrica; de que engañemos para no quedar mal; de ser crueles y pisotear a cuantas personas se nos atraviesan. 

Tiene como finalidad siempre ganar, es ofensivo si lo cree necesario y sobretodo, desea ser un protagonista en todo momento.

Es el clásico "diablito" que nos habla al oído y nos dice cómo actuar para que no quedemos mal con nada ni con nadie. Sus jugarretas llegan a ser tan nefastas, que logran incluso, convertir un acto de beneficencia o altruista, en un evento de conveniencia social, sólo para que nos veamos siempre bien.

Por otra parte, el Yo verdadero, que también se conoce como alma, esencia, espíritu, etc., no puede ser conectado debido a que el ego todo el tiempo desea estar presente. Su alimento es cada acción interesada que hacemos; se crece con cada aplauso y alabanza que nos hacen. Es por eso que la humildad y el amor son los enemigos principales del ego.

Si queremos ir liberándonos de esta entidad, tenemos que observarnos; hay que ver todo aquello que hacemos por interés o conveniencia. Hay que luchar por ser honestos, por no engañar y ser lo más espirituales posible. 

La única manera de ganarle la guerra a ese ego, es observándolo. Ver todo aquello que hacemos con las máscaras imaginarias que engañan, presionan, ofenden, desequilibran y hacen daño a los demás. 

Cuando conozcamos y seamos conscientes del daño que hacemos, entonces veremos la oportunidad de alejarnos de eso y así tener la fuerza necesaria para utilizar conscientemente nuestro verdadero Yo.

El ego existe para cumplir la función de formar nuestra personalidad; es quien crea una conducta, que sin ella, no podríamos sobrevivir. Sin embargo, hay que estar atentos, para que cumplida su misión, entonces busquemos el no estar tan alejados de lo espiritual, y que de esa manera, podamos tener una vida que sea real, alejada de falsedades y libre de ataduras.




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