Google-play App-store
Monterrey N.L.

La guerra química más letal del mundo: el enamorarse

La Sabiduría De Vivir
Por Ángel Ayala






Pasa el tiempo, y el ser humano no aprende lo qué es realmente el amor. Se sigue sufriendo por este concepto.

Antes teníamos la excusa de ser ignorantes del tema y movernos por instintos muy primitivos. Hoy en día la ciencia ha metido su cuchara en el tema, y se pudiese pensar, que ahí estaría ya la respuesta a muchas calamidades que nos suceden al enamorarnos; sin embargo, aún nos falta mucho que comprender.

Es cierto que hoy en día, ya hay un conocimiento fisiológico muy importante e interesante del comportamiento de temas como el amor, el sexo, el enamoramiento, el odio, etc. Pero al parecer esto no nos ha ayudado en mucho. Seguimos igual, e incluso, algunos pudiesen pensar que estamos peor en cuanto a los temas que se refieren a las relaciones amorosas.

Dentro de nosotros, se libra una guerra impresionante de pensamientos y sentimientos, que tienen como base una mezcla de químicos que la ciencia ha comparado con las drogas más poderosas del mundo. Y seguimos siendo débiles, pues todos esos cambios internos nos controlan y hacen que nuestras vidas se tornen complicadas y angustiantes.

De hecho, sí disfrutamos por momentos de los estímulos de esas sustancias naturales, pero cuando pasa el efecto, vienen las consecuencias negativas: queremos más, volviéndonos fanáticos, y aparte, perdemos el control alejándonos de la realidad. Funciona exactamente igual que en las personas que consumen drogas.

En el tema de las relaciones amorosas podemos clasificar tres conceptos básicos: el enamoramiento, el sexo y el amor.

Cuando conocemos a alguien que nos impacta, en ocasiones surge una reacción química instantánea en nuestro interior, un chispazo que nos adentra al famoso e impetuoso enamoramiento. En este tipo de relación amorosa, básicamente nos sentimos atraídos a la persona de forma mágica.

La atracción puede darse por diversos factores, y todos ellos están relacionados con una cuestión de interés sentimental. Por ejemplo, puede ser que esa persona nos llame la atención por cierto toque de imagen misteriosa en su apariencia; también nos puede gustar porque tenemos alguna similitud física con ella; el factor simetría facial nos provoca mucha atracción; o incluso, el concepto en las mujeres cadera ancha y curvas pronunciadas (sinónimo primitivo de fertilidad), o en el hombre cuerpo superior ancho (sinónimo de protección), logran ser aspectos básicos a la hora de enamorarnos del sexo opuesto.

Estas características provienen de una especie de “amor” a primera vista, pero que en realidad en nuestro interior, sería como una especie de atracción por una reacción química. Esta sensación, que puede tener como origen, aquellos tiempos donde la especie de forma instintiva buscaba una pareja sólo para cortejarla y aparearse, está regida por un neurotransmisor llamado dopamina.

La dopamina o neurotransmisor del amor, surge en primera instancia por la novedad que nos causa algo, y es prácticamente un estimulante que nos da sensaciones de placer, plenitud, euforia y cambios de humor.

De hecho en esta etapa de enamoramiento, son tres las sustancias importantes a destacar: dos que aumentan su producción en ese mágico momento, la dopamina y la norepinefrina (también llamada noradrenalina), y una que la disminuye, que es la serotonina.

Las sustancias que aumentan, nos ayudan a enfocar la atención en el objetivo, es decir, esa persona se vuelve nuestro mundo. Asi, lo consideraremos  como algo que es novedoso, atractivo y motivante gracias a la dopamina; y recordaremos hasta el último detalle de su apariencia y comportamiento gracias a la norepinefrina. Al bajar la serotonina, que es el neurotransmisor de la felicidad, nos descontrolamos, y eso nos conduce a tener un pensamiento obsesivo. Y si surgieran adversidades u obstáculos para alcanzar a ese ser que nos ha flechado, la dopamina inunda mucha más el cerebro y se intensifican todas las reacciones.

La parte del cerebro que está en actividad en esos momentos de enamoramiento es la corteza cerebral, pero donde más se  puede observar la intensidad es en dos áreas muy pequeñas, dos módulos que se encuentran en la base del cerebro; estas áreas pertenecen al sistema de recompensas cerebral y se les conoce como las fábricas de la dopamina: el área ventral tegmental y el núcleo caudado.

¿Pero originalmente qué busca el cerebro? Si volvemos a los inicios de nuestra humanidad, el plan de nuestro cerebro sería transmitir el DNA para perpetuar la especie. Por eso vemos a gente que hace hasta lo imposible por estar con su pareja, como viajar de un continente a otro, cambiar de trabajo, de vida, e incluso, ellos se dicen que se mueren de amor el uno por el otro. Cuando este sistema se activa no hay mucho que hacer, estamos dominados  por la química.

Como con cualquier droga, al principio, el ser humano enamorado es moderado; pero pronto, ocupará más dosis, hasta el punto que no lo pueda controlar. La verdad es que este efecto es muy agradable en un momento dado, pero luego, lo que un día fue felicidad, se va convirtiendo en ansiedad, compulsión, obsesión, dependencia emocional, dependencia física, cambio de personalidad y al final, acaba uno diciendo: no puedo vivir sin ti.

Cualquier droga externa está asociada con niveles altos de dopamina, y las áreas que se activan cuando alguien consume por ejemplo cocaína y otros estimulantes, son las mismas que se activan en el cerebro enamorado. Así, el enamoramiento nos dará una feliz dependencia cuando somos correspondidos, pero también nos dará una tremenda y dolorosa ansiedad en el momento de ser rechazados.

Ahora, existe también un concepto llamado deseo, que tiene que ver más con la segunda forma de relación amorosa, el enigmático concepto sexual. Los puntos que se activan en el cerebro en esta etapa son distintos a los del enamoramiento. A veces, sí se conectan con las sustancias del enamoramiento, pero este deseo tiene que ver más con un afrodisiaco natural, uno muy poderoso, que nos activa el libido y actúa tanto en hombres como en mujeres, y es conocido como: la testosterona.

Incluso, las tres sustancias antes vistas del enamoramiento (dopamina, norepinefrina y serotonina), estimulan la producción de testosterona. Es por eso que a veces cuando conocemos a alguien y nos enamoramos, el impulso de copular o “de hacer el amor” se vuelve muy poderoso. Aunque es más difícil que el deseo, es decir, cuando se activa la testosterona primero, pueda despertar luego las sustancias del enamoramiento (dopamina y norepinefrina), en algunos casos sí podría suceder. Es decir, tener sexo no necesariamente implica enamorarnos.

Para el acto de hacer el amor y con aquella intensidad alborotada, el cuerpo explota activando el sistema nervioso parasimpático, segregando dos sustancias más:  la acetilcolina y el óxido nítrico.  Ambas relajan las paredes arteriales de los genitales, haciendo que la sangre fluya con mayor libertad; los órganos sexuales se dilatan y en la mujer, la pared vaginal se lubrica; el cerebro sigue recibiendo señales de excitación, que provocan la respuesta del hipotálamo, haciendo que se produzcan más hormonas del placer. Ya en un estado de clímax, el sistema nervioso simpático toma las riendas del proceso y secreta sustancias que provocan contracciones en la región pélvica cada segundo, acelera el pulso, aumenta el ritmo respiratorio y es cuando el hipotálamo recibe la orden de segregar una cantidad masiva de oxitocina y dopamina, y entonces, el orgasmo se hace presente.

Todo este proceso puede parecer perfecto y muy agradable, pero el problema de esta gran actividad de sustancias en el cerebro, es el descontrol que se puede suscitar en un momento determinado. Los celos, las obsesiones, las inseguridades y las peleas, no son más que reacciones de una inyección muy alta de dopamina y un bajón muy marcado de serotonina.

Los celos causados por el miedo a las infidelidades, son diferentes en el hombre y en la mujer; en el hombre ese miedo se le llama infidelidad sexual (por el miedo a cuidar hijos que no son suyos y que no sirvan para la supervivencia de sus genes); y en la mujer, a ese miedo se le llama infidelidad emocional (por el miedo a que el hombre la abandone y que se quede sola cuidando a los hijos).

Incluso las reacciones en una discusión física o psicológica, también son distintas entre ambos géneros; en el hombre hay más violencia y en la mujer surge una mayor auto culpabilidad.

El amor, en ocasiones, puede ser una causa de muerte; los amantes pueden volverse asesinos por la obsesión. El rechazo en el amor hace que surja la ira, la cual, hace que se activen las mismas sustancias del enamoramiento, pero incluso hasta con mayor fuerza, haciendo que perdamos la cabeza por completo.

El amor y la ira están íntimamente relacionados, pues la base química que los origina en el cerebro es la misma. Por eso es muy fácil amar a la persona, y en un segundo, odiarla.

Cuando hay una ruptura, la tristeza nos invade, y al final, el amante rechazado se rinde. El mismo cuerpo está programado de cierta manera para no permitirse tanto desgaste; así, la ira tiende a alejarse después de un tiempo, y viene una especie de resignación. Aquí surgen otro tipo de sentimientos, aquellos que provienen de la resignación y la desesperación, y en el cerebro están asociados con la misma dopamina. Al no tener nuestro tesoro, nuestra recompensa, nuestro objetivo, es decir, al amor de nuestra vida, la dopamina comienza a disminuir y el abatimiento y el letargo entran en acción.

El estrés de estos momentos puede ser tan fuerte que los niveles de aquellas tres sustancias del enamoramiento (dopamina, norepinefrina y serotonina) caen muy por debajo de su nivel normal, conduciéndonos a una depresión. Se sufre una catarsis, la cual en un momento dado, es necesaria si se desea volver a empezar de cero una nueva relación.

Si observamos bien, estar enamorados o tener este amor intenso y primitivo, nos atonta; incluso, no nos deja energía para hacer algo más, ni trabajar, ni cuidar niños, ni nada. Es necesario que se acabe de alguna manera. La naturaleza es muy sabia y el cuerpo un gran ejecutor, y aquí entra de nuevo el hipotálamo, esa glándula del sistema endocrino que se encuentra debajo del cerebro y que libera dos hormonas que ayudan a poner orden: la vasopresina y la oxitocina, que también es conocida como la hormona de la confianza.

Estas hormonas son las responsables de generar lazos de cariño y de responsabilidad con los hijos y con la pareja. Por ejemplo, en el acto sexual, ya al final, ambas hormonas son las que originan esa sensación de tranquilidad y paz que compartimos con la pareja. Ayuda a crear un vínculo y una especie de unión o compenetración emocional. Aquí es donde podemos establecer las características del tercer tipo de relación amorosa, lo que podríamos llamar: el amor. En este tipo de reacciones, ya no sólo tenemos el comportamiento intenso, sino que podríamos encontrar una seguridad de estar con alguien de forma más estable y a largo plazo.

Obviamente nada es para siempre, y estudios han comprobado que la monogamia se acaba. Ésta, anda rondando en los 4 años de relación, por lo cual muchas parejas tienden a buscar un compañero nuevo al cabo de este tiempo. Esto se relaciona con el concepto de la procreación de un hijo, donde a la madre, le lleva aproximadamente cuatro años (por la dieta ligera y los largos periodos de lactancia) el estar totalmente preparada para estar al cien por ciento con su pareja de nuevo. Así el hombre, en su cerebro primitivo y de forma inconsciente, se desespera antes de ese tiempo, y busca una nueva pareja para seguir esparciendo su semilla. Así es que la monogamia existe, pero al parecer tiene fecha de caducidad.

Con toda está información que hoy en día tenemos y que puede contener datos muy relevantes para entender los diferentes tipos de relación, seguimos buscando casi a ciegas el amor de nuestra vida. Algunos sí lo logran, o al menos eso aparentan.

La cuestión es que nuestra biología nos sigue controlando en automático y nuestra sociedad nos va marcando casi siempre a un paso muy forzado. Sino nos elevamos de nivel de conciencia y nos convertimos  en controladores de nuestras reacciones, poco podremos hacer en esta materia. Hasta entonces estaremos enfrentado la guerra química más letal del mundo, la que se vive en el interior de nuestro cuerpo cuando nos enamoramos.




COMENTARIOS
comments powered by Disqus
http://panycirco.com/editorial/la-sabiduria-de-vivir/la-guerra-quimica-mas-letal-del-mundo-el-enamorarse
© Copyright P.C. Publicaciones.

Suscríbete para recibir diariamente nuestro boletín informativo