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Monterrey N.L.

La verdadera cara del sexo, la fuente de la eterna juventud

La Sabiduría De Vivir
Por Ángel Ayala





No cabe duda que la naturaleza se sacó un 10 al crearnos como seres sexuales. Si analizamos el concepto, qué mejor manera (e inteligente) de motivarnos para que la especie humana siga existiendo. ¿A quién no se le antoja tener sexo? Pero, ¿habrá un significado más profundo de tan polémico tema?

Sin lugar a duda, sabemos que el ser humano no solamente es una entidad física, sino que trasciende con otros cuerpos más sutiles, como el mental, el emocional y el espiritual.

El sexo puede verse como una forma natural y biológica del flujo de la energía vital. No habría vida sin sexo; aunque también hay que reconocer que por muy especial que sea en su esencia, esta actividad se ha convertido en algo muy superficial y ahora funge como la aplicación más baja de la energía; hemos visto que una vida dedicada solamente al sexo, no trasciende y llega incluso a ser un desperdicio.

Podemos deducir que la actividad sexual es una oportunidad de transformar la energía vital; es un medio, es una herramienta y nos tiene que quedar claro que no es un objetivo o un fin.

Hay que comprender, que el sexo, convertido en una especie de meditación (yoga, posturas, sonidos, aromas, mantra etc.), es como un trampolín hacia lo espiritual, ya que fluye desde la sexualidad, pero su objetivo es llegar a trascender hacia lo divino.

La sexualidad y la espiritualidad, a pesar de que diversas instituciones sociales y religiosas los han hecho ver como algo complicado e incluso sucio, son dos conceptos que van de la mano y se retro alimentan mutuamente.

La energía en sí es neutral. Si es biológica, se vuelve sexual; si es emocional se convierte en amor o en odio; si es intelectual, puede ser científica. La diferencia no está en la esencia de la energía, sino en como se expresa dicha energía.

La energía en su base siempre es pura, pero si hay ignorancia y es "mal" utilizada, genera un conflicto que puede ser destructivo para nosotros mismos. Por lo mismo, la energía sexual aplicada sin conocimiento, más allá de darnos salud, nos deteriora.

Para que esto funcione a la perfección, primero, tenemos que ver que la actividad sexual debe ser tomada como una forma más de hacer fluir la energía; que sea neutral, ni positiva, ni negativa. No debemos tomar actitudes extrañas sobre el concepto del sexo.

Segundo, el sexo debe servir como un canal de flujo de energía y hay que tomarlo como algo natural. Debemos movernos en el sexo consciente; debemos usarlo como un acto de meditación, de amor, como una forma de dialogar con la naturaleza, de convertirnos en uno con el todo.

A medida que nos identifiquemos con la meditación durante el sexo, menos burda será la experiencia y mayor será el efecto del pensamiento y se creará una nueva manifestación de energía.

Por eso, el objetivo es que usemos el sexo para trascender y transformarnos. El sexo con meditación nos hace unirnos más a nuestra pareja y construir una verdadera relación de amor.

No se trata de dejar de disfrutar físicamente, al contrario, en la medida que le demos más conciencia y vida a los otros niveles a los que pertenecemos, más será el gozo y la satisfacción de las cosas que hagamos.

¿Quieres un verdadero climax? ¿Quieres conocer el verdadero multiorgasmo? ¿Quieres conocer la fuente de la eterna juventud? Intenta el sexo con conciencia. Aprende a usar tu poder interior y disfruta al máximo de tus relaciones sexuales.



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