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Monterrey N.L.

Vida y muerte, muerte y vida

La Sabiduría De Vivir
Por Ángel Ayala






El constante fluir de la existencia humana.

Si bien es cierto que nosotros creamos nuestra realidad, también hay que tomar en cuenta, que esa realidad creada, constantemente participa y nos va modificando a nosotros mismos. De tal manera que somos creadores y creación al mismo tiempo.

La vida no es el cuerpo; el cuerpo sólo es un instrumento y nada más. No te esclavices a él; úsalo para crecer y convertirte en un mejor ser humano.

La muerte, médicamente hablando, es tratada como una enfermedad; se combate como si fuera un virus y buscamos alejarnos a toda costa de ella.

En la realidad, la muerte debería ser entendida como un siguiente nivel; no enfrentarla como algo negativo, sino primero entenderla, y encontrar la forma más consciente de llegar a ella en su momento.

En esta vida lo único seguro es la muerte y lo menos seguro es el día que vamos a morir.

Aprendamos a vivir, pero seamos conscientes que no habrá vida sino procuramos aprender a morir.

El morir es un término que parte de la misma vida. En su momento, le permite al alma cambiar de vehículo para seguir avanzando.

Nadie se va, sólo se cambia la forma de existir.

El cielo y el infierno no están después de la muerte. La mayoría de  nosotros hemos construido el infierno en este mundo. A pesar de que tenemos todos lo materiales para construir un cielo, la falta de libertad y la ausencia de las buenas costumbres, han hecho que el ser humano padezca y se hunda en sus propias creaciones superficiales.

Sino entendemos que estamos en un continuo fluir nada tendrá sentido. Todo pasa, todo cambia. Nada es permanente. Las cosas nunca vuelven a ser igual; todo funciona en una evolución natural.

Muchas veces cuando nos despedimos de un ser amado porque fallece, sentimos que nosotros mismos morimos por dentro.

Un día le dijimos  a ese ser "Hola" y vivió con nosotros un tiempo, y al final, surgió un "adiós" que se convirtió en un eterno eco sin retorno.

Hay que entender que no es la despedida lo que nos desanima, sino la sensación de que tal vez no volvamos a ver esos ojos o sentir el roce de esa piel.

Es seguro que no existirán palabras para que regrese, ni lágrimas que inunden su camino y no pueda alejarse. Cada quien tiene su espacio y su momento. Deja que las cosas fluyan. Recuerda que a veces en un adiós (el saber soltar), puede surgir una nueva bienvenida.

La muerte, en su  momento, será una de las más grandes aventuras por la que pasemos. No se acabará la vida, no se acabará la luz. Tan sólo apagaremos la lámpara de mano que traemos, pues el verdadero amanecer estará llegando.

Vive hoy como si fuera el último día, que cuando llegue la noche, tengas la satisfacción de haber terminado tu jornada en armonía.




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