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Monterrey N.L.

¿POR QUÉ ODIAMOS A LA POLÍTICA Y AL GOBIERNO?

El otro día estuve pensando: ¿Qué es lo que le falta a la sociedad en la que vivo? Sin duda alguna, inmediatamente pensé; muy por encima de problemas como la pobreza, la falta de educación, la equidad de género, en un mayor apego a la idea de “ciudadanía” y el valer los derechos que poseemos. Todo sabemos que un ciudadano es aquella persona que al nacer en cierta ciudad o sociedad, ésta última le otorga el poder de hacer valer sus derechos ante el grupo organizado que pertenece: una nación. Ahora bien, ponte a pensar: ¿Realmente conoces todos tus derechos y aún más importante, tus obligaciones?  Creo que muchos, incluyéndome no sabemos ni la mitad de los derechos que tenemos. Menos las obligaciones. El problema reside en una sola cosa: la apatía social ante lo público y la política.

 

            Hace unas semanas leí una frase de Cornelius Castoriadis: “El problema de nuestra civilización es que dejó de interrogarse”. El hecho de únicamente preocuparnos por nosotros y nada más que nosotros nos ha hecho ir más allá del término individualista. ¿Sabes a lo que me refiero? Es decir, no pensamos en más que vivir cómodamente y con lo necesario para subsistir más que existir. Todo esto lo digo por experiencias personales que he tenido en los grupos que he podido entrar dentro de la sociedad.

 

            En el momento en que dejamos de preocuparnos, dejamos una gran parte de nuestra capacidad de mejorar nuestra sociedad a un actor contemporáneo que ya tiene la mayoría de la “tajada” social: el gobierno. Lo que antes era considerada para muchos como la herramienta del pueblo, ahora se ha convertido en uno sino el más grande actor de todo el mundo. A partir de esto, hemos visto a lo largo del siglo pasado y de éste el cómo este actor en todos los niveles y lugares del mundo ha hecho un trabajo no tan bueno, según los estudiosos y analistas. Tomando esto, quiero retomar lo que he visto con mis ojos en los últimos años. He visto una sociedad dividida en dos bandos: los valemadristas y los revolucionarios. (Antes que nada, estoy haciendo esta división a partir de mis experiencias. El generalizarlo me permite expresar una realidad que he vivido. Se acepta que hay excepciones)

 

            Los primeros los podemos encontrar en las altas clases en las que no vemos más que personas de segunda o tercera generación dependientes de sus abuelos o padres. Aquella clase que sólo se esmera por brillar ante los demás y no piensan más en seguir pasos y no innovar como personas y/o ciudadanos (sueno algo fatalista y negativo, pero es lo que vivo en mi ciudad). Los segundos son aquellos que al ver a los valemadristas, exigen sus derechos, sus oportunidades, sus ganas de salir adelante ante las adversidades. Nunca me ha gustado el clasismo pero es necesario expresarlo aquí para poder entender el contexto al que me refiero. Ahora, tomando estos bandos, relacionémoslos con la política y su visión que tienen de ella. Los primeros argumentan que la política no es para ellos. Que sólo se debe pensar en la familia y lo mejor para ella. En otras palabras, tienen un desapego por lo que pasa en el sector público y sólo se preocupan por sus necesidades. En el otro lado, se dice que el gobierno es el causante de todos los problemas sociales, que sólo piensan en ellos mismos y no en la colectividad y el bien común.  Éstos les exigen al gobierno que haga su trabajo. Únicamente lo hacen con métodos que cada vez son un poco menos ortodoxos: plantones, huelgas, paros en todos los sectores, entre muchos otros. (En lo personal, considero  más la propuesta que la protesta ya que hay espacios y métodos para hacer valer lo que es nuestro)

 

            ¿A qué quiero llegar con todo esto? Claro, exigimos lo que merecemos de cualquier manera y de cualquier lado (el valemadrista o el revolucionario), pero, ¿hasta que punto? En lo personal, yo creo que, a partir del fenómeno de la globalización y la idea del individualismo contemporáneo, tenemos una falta de solidaridad y un desapego a la política al grado de odiarla o aborrecerla. Claro que hay momentos en donde TODA la sociedad se une para exigir o convivir entre ella, pero cuando este sentimiento se apaga, los solitarios se despiertan tan solos como antes; es decir, volvemos a nuestras ocupaciones cotidianas y a nuestros lamentables lugares que esta sociedad moderna nos ha puesto.

 

            La posibilidad de cambiar este tipo de apatía social, individualismo y clasismo, es a partir de un término griego que retomo del autor Zygmunt Bauman: el ágora. El ágora es un espacio que no es ni público ni privado sino, más exactamente, público y privado a la vez.  Aquí es donde antiguamente se hablaban de ideas tales como el bien público, la sociedad justa o los valores comunes. Ahora bien, imagínate que en vez de dejar que los diputados y senadores que elegimos “democráticamente”, existan estos espacios para poder dialogar los tres sectores para encontrar lo mejor para todos. Muchos me dirían que ya existen pero seamos honestos, ¿de verdad funcionan? En lo particular creo que esta idea antigua no es tan mala idea para retomarla. Digo, si de por sí ya estamos retrocediendo en el pasado y volviéndonos más animales que personas, ¿por qué no retomar una idea que no es tan descabellada?

 

            Para finalizar, retomo mi pregunta inicial: ¿Qué es lo que le falta a la sociedad en la que vivo? Creo que además de una falta de sentido común, mayor transparencia, menos violencia, mayor respeto, una mejor reciprocidad y una mayor preocupación por el estado de bienestar, tenemos que darnos cuenta que de las cosas que tenemos que cambiar es el individualismo consumista y clasista que hay en el mundo. Podré sonar “rojillo” o izquierdista, pero sabemos perfectamente que este es uno de los problemas más grandes en la sociedad, en especial en los jóvenes.

 

            Y a ti, ¿te da hueva la política y el gobierno? Lo único que deseo es que este mensaje que doy te llegue de verdad. Que no sea una lectura perdida y converses con alguien de esto. Eso será el primer gran paso: el informarte e informar sobre este tema.


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