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Monterrey N.L.

Antigua profesión

Minuto
CHAVA PORTILLO





Siempre se ha referido a la profesión más vieja del mundo donde las mujeres malas que suelen estar muy buenas comercian placer como un problema con entrada pero sin salida, o sea, de esos galimatías que sabemos que existen pero no tienen solución y preferible tolerarlos a enfrentarlos y buscar acabar con ellos.


Las cárceles, prisiones o reformatorios es algo similar, se crean modifican y construyen pero operarlos dejará siempre instancias inconformes.  Si se disciplina de más malo, si se es condescendiente malo, en pocas palabras es imposible concatenar esfuerzos para encontrar soluciones se antoja inesperado.


No es la primera ocasión que nos encargamos del tema y habremos discutido con mi gran admirada Minerva Martínez señora de los Derechos Humanos diversas ocasiones y aunque respeto la filosofía de su interpretación no puedo aceptar que un grupo de forajidos que se encuentran recluidos pagando una pena por la que fueron juzgados se conviertan en dueños de vidas y haciendas de los que tienen el sufrimiento de controlar su condena.


Los desmanes en el penal de Cadereyta o cualquier otro reclusorio del mundo sigo sin encontrarle explicación y la acción de retener o secuestrar a los pobres diablos celadores  torturados propinándoles una madriza es una salvajada que no tendría perdón por qué esa interpretación “castrante” de obligar a los policías que traten a los delincuentes con el pétalo de una rosa es además de denigrante, absurdo e intolerable.


Exigían los mentecatos revoltosos arriba de las azoteas que: suprimieran el acceso a los pelafustanes del Cártel del Noreste y los Zetas seguramente por qué la calidad moral y perfil de los canallas es repulsiva.  No se ría.

Exigen además que las señales de los celulares no sea ni cortada ni monitoreada por la unidad de vigilancia en ningún momento para que se enteren de sus conversaciones y lo demás el blá blá blá de siempre, respeto a la visita conyugal, mejor calidad de comida, buen trato y todas las canonjías logradas y que imperan en el reclusorio.


¿No habrán entendido esos malandros que se encuentran purgando una condena por faltas a la sociedad y bien gobierno?    ¿Qué no están de vacaciones VIP y que no debería haber teléfonos celulares dentro de las celdas?  ¿Qué deberían realizar sus llamadas, controladas, por tiempo limitado frente a un vigilante y que todo eso sería bajo autorización de buen comportamiento?

No están los presidiarios en situación de escoger nada, están en la cárcel no por ser madres de la caridad ni oferentes de la virgen de los siete puñales ni de María Auxiliadora.


No tengo el gusto de conocer al General Arturo González y la verdad pensé que le quedarían grandes los zapatos de Cuauhtémoc Antúnez que conocí y traté junto con Guillermo Serrano Generales ambos, el segundo fallecido, pero el día que tomó el micro y alertó a los revoltosos desde el helicóptero, dije: ese bato tiene agallas y más vale que no confundan lo suave con lo aguado y no me equivoqué.

De antemano sé que me quemarán en leña verde por mis palabras sin disculpa y sin retorno, pero si hay necesidad de acabar con la existencia de unos cuanto maloras, que no les tiemble la mano ni al general, ni a Manuel González ni a Heliodoro.


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