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Monterrey N.L.

Justicia por propia mano

Minuto
Por CHAVA PORTILLO








He aplaudido rabiosamente al que sorprendiendo a un ladrón en la intimidad del hogar le da una felpa e inclusive hasta le meta un plomazo por considerarlo justo, pero…no significa que sea correcto.

Algunos compañeros del arma yéndose por la fácil pronostican que si meten a chirona al activista Gilberto Lozano y al “fufito” reprimido aprendiz de artista  que algún tiempo colaboró con el “fufurufo” -su padre- organizando espectáculos para gente de criterio muy amplio, los convertirán en ídolos y considero una barbaridad porque  intentan calzarlos con los enormes zapatos de Chucho “el roto”, Jesús Malverde o Justo Bairoleto que aunque vivieron a salto de mata siempre al margen de la ley, eran canela pero muy fina.

Lozano y “fufito” son líderes de ocasión.   No pelan un chango a nalgadas aunque se  agradezca el esfuerzo que no es mucho, porque carecen de los atributos fundamentales que deben asistir al luchador social,  el razonamiento y la negociación.          Un líder social no es el que duerme con la pistola bajo la almohada, el cuchillo entre los dientes y la exigencia como himno de batalla.      El auténtico adalid es el que despierta con ánimo de negociar no de vencer para alardear,  exige,  pero reconoce, recibe pero otorga y cuando se agota el argumento, nunca aflora el improperio, prefieren el silencio.

Cometieron un error y tendrán que pagar por sus enmiendas, se salieron las cosas de control y a los delincuentes detenidos les dieron una cachetada para que hablaran y diez para que se callaran no sin antes “informar” quiénes los habían contratado o azuzado; la jueza definirá si aplica el apotegma: tanto peca el que mata la vaca, como el que le detiene la pata.

Gilberto guardó silencio porque además de ser inteligente entiende que equivocó el camino, Pedro Alejo, fiel gañán a su cepa pandillera amenazó con irse a donde se cometió el desorden para buscar conmiseración y que las plañideras contratadas griten y jirimiqueen que no apresen al hijito del fufurufo, que con él ¡se mueren en la raya!

No entenderán estos líderes de pacotilla extraídos de las novelas de Juan Orol que ni la causa del reclamo, ni el ciudadano que se inconforma son clientela para revolverse con las “muchachas” del “fufito” y que siendo gente decente con prosapia y valores cívicos no seguirán al remedo de flautista de Hamelin porque nunca estarán de acuerdo con la destrucción de los históricos vitrales por el alza indiscriminada de la gasolina.

Tienen un problema estos batos que buscando cinco minutos de fama edulcorada tendrán que responderle a la justicia y nadie meterá en su sano juicio las manos a la lumbre por pasarse de pistolas.              



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