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Monterrey N.L.

Ni pena ni vergüenza

Minuto
Por CHAVA PORTILLO

 





Gerardo Ruiz Esparza es sin duda uno de los alfiles preferidos incondicionales de Enrique Peña Nieto.   Ha estado cerca del presidente y ocupando “responsabilidades” similares a la que ocupa hasta hoy la de construir -entrecomillo responsabilidades para evitar el prefijo i- porque haciendo un resumen breve de su calado profesional  podremos dar cuenta que es una embarcación endeble y defectuosa.

 

Goza del afecto indiscutible del ejecutivo, pero ni con esologra maquillar su ineficiencia y torpeza independientemente de la sospecha respecto a su decencia con que se ha señalado en múltiples ocasiones y la evidente cercanía con Armando Hinojosa, personaje millonario dueño de Higa la constructora favorita que se aventó financió-regaló la controversial casa blanca, nidito para una gaviota y sus polluelas. 

 

La lista de tropiezos como el tren rápido Querétaro-D.F que ya estaba cortando el listón y relamiéndose el mostacho cuando ni se había licitado; el controversial aeropuerto de Texcoco, las concesiones a las frecuencias de radio-tv como la de Tecnoradio, monumentales obras que ha intentado asignar y que se han rechazado, la fallida orden de cancelación de licencias para los transportistas que en plantones protestaron, una larga lista de asignaciones de obras con dudas y moches de parte de  constructoras preferidas y de remate el vergonzante socavón que se abrió en la ruta México-Cuernavaca que se tragó un carro causando la muerte de dos personas, tan solo son botones de muestra de un funcionario que por decencia, categoría y clase debería dimitir y Peña antes, debería despedir.

Ojo, NO aceptar la renuncia, despedirlo anteponiendo con severidad su inoperancia y falta de capacidad; no su ausencia de honestidad que suponemos sin conceder está impedido por razones obvias, pero partiendo de la premisa del silogismo que la reata se revienta por lo más delgado luego de pasar la monumental vergüenza de inaugurar hace 90 díasy promocionar en mantas el reconocimiento al Presidente que no quiere darse cuenta del desatino y gigantesco tropiezo de poner a un torpe y deshonesto al frente de una dependencia que maneja el presupuesto mayor de sugobierno.

 

Ruíz Esparza debería en agradecimiento cargar el madero de las culpas y dejarse de sandeces acusando de cochinos a los habitantes que tiraron la basura que causó la enorme noria que se tragó un auto con padre e hijo y denunciar a las dos empresas responsables, la que autorizó el contrato y la que “supervisaba” la obra, amén de la que realizó la mega construcción de muchos millones de dólares.

 

No creo que Peña Nieto sea tan burdo, torpe y cínico. -bueno, no estoy seguro-      Un hijo se da cuando la patria lo pide y es el momento que debe cortar la cabeza de una hidra venenosa, si no, le cobrará la factura a vuelta de año, si es que hay algo que rescatar de un gobierno decepcionantemente incapaz y grotescamente deshonesto.

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