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Monterrey N.L.

Desesperanza

Las sanas esperanzas de los ciudadanos que en estas pasadas elecciones dieron la muestra de que el voto sí vale y sí pesa pudieran verse eclipsadas si el cambio que pidieron en las urnas no llega. Es decir, si el compadrazgo y el amiguismo, que van de la mano de la ineptitud y de la prepotencia del aparato de gobierno, se imponen a las promesas.

Y no me refiero nada más a promesas hechas por Jaime Rodríguez Calderón, el sorprendente “Bronco”, sino al ejemplo que debe de cundir y de permear desde arriba hacia debajo de la pirámide del poder.

Es decir, la gente espera que el gobierno del estado cambie radicalmente con Jaime a la cabeza, sí, pero también se espera que panistas, priistas, independientes y también los de chile y de manteca hagan lo propio.

Ojalá y muchos de los que se encaminan claramente a los puestos de poder tanto en el estado como en los demás puestos se olviden de revanchismos y de los famosos oportunismos para volverse ricos de la noche a la mañana o para volverse archimillonarios, como siempre, en unos tres o cuatro años de latrocinios.

Así, el ejemplo de Jaime puede devolverle la grandeza de la calidad de vida a los nuevoleoneses… O dejar millones de corazones rotos a su paso.

MAHUACATAS
Y es que si hablamos de la desesperanza, le pongo el ejemplo del otrora “Pueblo Mágico” de Santiago, Nuevo León, cuya ruina es más que mentada y conocida.

El cambio, me platican mis primos de por allá, no viene con el priista Javier Caballero Gaona, de quien me platican que ganó por la ristra de estupideces que cometió Homar Almaguer y la pandilla de incompetentes que manejó y saqueó el municipio estos tres años pasados, pero no ganó ni por popular ni porque haya hecho buen trabajo electoral.

Y la desesperanza viene precisamente porque parece que la mano que mece la cuna lo seguirá haciendo: Daniel Salas, un sujeto que se la pasa asustando con el petate del muerto de que es “ahijado de Héctor Gutiérrez” y que ha hecho y desecho en Santiago, ya fue palomeado por Caballero para que continúe en el cargo.

Y dice que ni Dios Padre lo puede quitar.

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