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Monterrey N.L.

Trump y las plegarias atendidas

En EUA viven cuarenta millones de ciudadanos hispanos. Los indocumentados de origen mexicano que trabajan allá, mal pagados y en condiciones muy precarias de vida, son aproximadamente 11 millones más. Una de las primeras medidas que tomará como Presidente Donald Trump será, por lo pronto, deportar a México a tras millones de inmigrantes irregulares.

El estatus de indocumentado con antecedentes penales en EUA es nebuloso: comprende desde una sanción de tránsito, hasta ser reincidente en su ingreso ilegal al vecino del Norte. Las autoridades migratorias de ese país, no suelen diferenciar entre mexicanos, salvadoreños o guatemaltecos. Todos son “mojados”, procedentes de México.

En su peculiar lenguaje enrevesado y de léxico insuficiente, Trump dijo a 60 minutos, de CBS: “Lo que vamos a hacer es que vamos a echar del país o vamos a encarcelar a todos los que tienen antecedentes criminales, traficantes de drogas, miembros de bandas, probablemente dos millones, podrían ser hasta tres millones. Los vamos a sacar del país. Los vamos a sacar porque están ilegalmente”.

¿Estará dispuesto el Instituto Nacional de Migración a rechazar la deportación a México de salvadoreños, guatemaltecos y demás indocumentados que no sean connacionales nuestros? ¿Cómo podrá diferenciar la nacionalidad de quienes serán remitidos masivamente a nuestra frontera? ¿Cómo podrá evitar que el crimen organizado de Tamaulipas, Chihuahua o Baja California Norte reclute de esta horda de deportados a sus próximos sicarios, apenas pisen suelo mexicano, o en su defecto (si se niegan) a ser asesinados como reses?

Dudo que está deportación alcance cotos de holocausto, pero sí dará pie a una infinidad de casos atentatorios contra los derechos humanos. California, por ejemplo, con casi tres millones de indocumentados (un millón de ellos concentrados en el condado de Los Ángeles), se quedará sin mano de obra barata para operar los trabajos que los norteamericanos blancos no están dispuestos a tomar. 

Y cuando el comercio se queda sin suficientes empleados, es decir, cuando la oferta de empleo rebasa la demanda, la economía se estanca. Ese será el comienzo de una recesión que, como onda expansiva, afectará a los demás estados de la Unión Americana. Solo entonces abrirán los ojos los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) y se darán cuenta de que muchas veces resulta peor que Dios, o el gobierno, responda a sus plegarias. En otras palabras, “ten cuidado con lo que deseas porque se te puede volver realidad”.

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