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Monterrey N.L.

La información es poder


https://www.youtube.com/watch?v=gN-6eToLyrE

Chorreantes costillas de cerdo con salsa para callar bocas, cigarrillos que se fuman junto a la ventana en lo que se traman estrategias políticas más retorcidas que el humo, maratonianas carreras de footing para intentar depurar la mente más que tonificar el cuerpo y relaciones sexuales a cambio de una buena exclusiva. ¿Cómo se puede llegar a concentrar tanta maldad para que tu vida se encamine a conseguir lo que te propones a sabiendas de que para ello tienes que hacer daño y  aun así dormir plácidamente por las noches? Creo que además de no tener alma ni moral se debe ser muy inteligente para hacer el uso adecuado de la información que se llega a tener entre manos, sin embargo por muchos capítulos que veas de “House Of Cards” eso, me temo, que no se aprende.

Esta dramática serie, que ya cuenta con las dos primeras temporadas completas, es la versión estadounidense de la miniserie británica con el mismo nombre basada en la novela Michael Dobbs. Sin duda, la abeja reina de esta adaptación es el actor Kevin Spacey, que además de llevar casi todo el peso interpretativo es productor junto a David Frincher (director de “Red Social” y “Zodiac”), muchos lo tachan de egocéntrico y hasta un poco pasado de rosca saltándose la cuarta pared cada vez que tiene ocasión para dirigirse directamente al espectador lo que añade un estilo muy teatralizado a un registro frío de thriller político.  

Centrándonos en el argumento, esta producción nos mete dentro de los tejemanejes políticos de las más altas esferas del congreso y el gobierno de EE.UU. El encargado de darnos esa visión es el congresista Francis Underwood  (Spacey), sibilino animal político y vértice de un extraño triangulo personal-profesional que forma con su mujer Claire (Robin Wright) y la joven periodista Zoe Barnes (Kate Mara), que en ambas su hermosura las excusa de ser unas brujas, cuyo papeles van cobrando relevancia más allá de meros peones en el juego que ha planteado el calculador e implacable político para alcanzar la presidencia del país, una aspiración como otra cualquiera.

Manipulación inmoral que te hace poderoso, información que mancha las manos de sangre y asuntos de estados demasiado complicados son los pilares fundamentales de “House of Cards”, pero quizá por sostenerse sobre una maldad de alto nivel no es una serie que me haya calado más allá que para tenerla de fondo como acompañamiento sin que sea el principal foco de atención, por mucho que Space lo intente haciéndome cómplice de sus triquiñuelas.



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