Google-play App-store
Monterrey N.L.

La parábola trágica de Fidel

Tierra De Nadie
Por Walid Tijerina






Tal vez la muerte de Castro sea demasiado reciente para juzgarla. Eso se le puede dejar a la historia. Pero, al menos, la reciente columna editorial de Ricardo Cisneros (en Milenio) ofreció un nuevo acercamiento a Castro: Fidel como héroe de las tragedias griegas. Cisneros resaltó la figura de Castro como héroe y la de su pueblo (y otros pueblos) como los coros de aquellas tragedias, juzgando los triunfos, al igual que los fracasos. Sí, yo creo que es más fácil ubicar el lugar de Fidel Castro en la historia si se le contempla así, como un héroe trágico que se une finalmente al panteón de otros héroes nacionales conformado por Simón Bolívar, Pablo O’Higgins, Diego Portales, Agustín de Iturbide, Porfirio Dïaz, Getulio Vargas, entre otros.

Lo que une a estos héroes controversiales es precisamente su “hamartia”, como le llamaría Aristóteles, y la imposibilidad de realizar sus objetivos heroicos, ya fueran de libertad o progreso. Simón Bolívar, el gran Libertador de América, fue expulsado (a jicarazos de orina) de los mismos países que liberó. Diego Portales, el gran institucionalista de la democracia en Chile fue asesinado por su propio ejército. Vargas, antes de sufrir destino similar al de Portales o Iturbide, prefirió quitarse la vida. O tal vez, Getulio hubiera sido enviado al exilio como Porfirio, pero eso ya nunca se supo.

La incómoda compañía de Fidel Castro entre estos héroes se debe precisamente a la longevidad de su mito: todos los héroes anteriores fueron exiliados o asesinados cerca de la cima de sus logros, cuando apenas comenzaban a resbalar por los terrenos del rechazo y la decepción. Pero Castro se quedó en la silla presidencial de Cuba por décadas, con rasgos autoritarios, siendo partícipe en una caída que lo alejaba cada vez más de su antigua gloria como revolucionario.

En el caso de Bolívar o de Díaz, por ejemplo, la extensión territorial y poblacional de sus países los llevó a emprender objetivos de progreso que se antojaban imposibles o utópicos. Como ha retratado el autor Howard Wiarda, las naciones de América Latina siempre han tenido una sociedad en conflicto, dividida entre razas, clases o territorios. El problema de Castro, sin embargo, no era la extensión de su país ni el número de su gente, sino la extensión geopolítica de su enemigo, Estados Unidos. La hamartia de Castro, su debilidad o ceguera, fue una mezcla de orgullo y necedad en el que decidió encarar a Estados Unidos a costa del bienestar de su gente. Por eso a sus inicios, Castro fue esperanza que terminó, décadas después, en una decepción o rechazo generalizado. Siguiendo la misma parábola de los héroes trágicos griegos: de Edipo que llegaba a resolver las plagas y hambrunas de Tebas para ser el causante, poco después, de los infortunios de la ciudad. Parábola compartida por Bolívar, por Díaz, por Portales, por la mayoría de nuestros héroes nacionales que siempre se quedan cortos de sus objetivos o de sus utopías.



COMENTARIOS
comments powered by Disqus
http://panycirco.com/editorial/tierra-de-nadie/la-parabola-tragica-de-fidel
© Copyright P.C. Publicaciones.

Suscríbete para recibir diariamente nuestro boletín informativo