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Monterrey N.L.

Los ciclos del desencanto presidencial

Tierra De Nadie
Por Walid Tijerina



“Ni presidentes ni congresos tienen éxito seguido en proyectos mayores de reorganización. Lo que es propuesto es generalmente derrotado o abandonado. Presidentes, en particular, pasan por un ciclo de entusiasmo y decepción.” Esto escribieron los autores March y Olsen en su libro Redescubriendo instituciones (Rediscovering institutions, 1989). Y, en particular, sus percepciones sobre las dificultades de grandes proyectos de reforma y ciclos presidenciales caracterizan en gran parte a las últimas administraciones presidenciales de nuestro país. La presidencia en nuestros países ya se ha vuelto casi una plataforma para el exilio. Salinas de Gortari corriendo hacia Irlanda. Zedillo hacia Yale. Calderón hacia Harvard, aunque con su ración considerable de protestas.

Ya ha llegado al punto que se asemejan a esos exilios forzados de los primeros presidentes o gobernantes de América Latina. Porfirio Díaz a París. Dom Pedro de Brasil, con el corazón vapuleado, hacia Portugal. Simón Bolívar primero a Curazao, luego a Colombia y a Jamaica, hasta morir en su último exilio en el río Magdalena. Santa Anna merodeó también las islas caribeñas y Nueva York en exilio. Todos pasaron por sus dosis de entusiasmo heroico para caer después a ser considerados como villanos por sus propios pueblos. La historia reivindicaría a algunos cuantos, a Simón Bolívar notablemente. Pero ahora, los presidentes mexicanos no quieren aprender de este pasado, de este ciclo repetido inevitablemente una y otra vez como si hubieran sido elegidos para representar el suplicio de Sísifo.

Y el presente ciclo presidencial de Peña Nieto no ha sido la excepción. Sus errores, sin embargo, rayan a veces en la incredulidad. Es como si Peña Nieto y su equipo apuntara voluntariamente hacia su propia descapitalización o desvalorización política. Justo cuando Trump iniciaba una caída en la percepción de votantes americanos, Peña Nieto decidió invitarlo al país. Esto se suma a una larga lista de desatinos o pésimos ejercicios de timing político. Sí, habrá que buscar una relación conciliatoria o cooperativa con el/la siguiente inquilino/a de la Casa Blanca. Pero para todo hay tiempos. Peña Nieto se sigue disparando en la pierna una y otra vez. O cargando la piedra cuesta arriba, en una montaña colosal, sólo para empezar de nuevo, aunque cada vez desde más abajo. Difícil ya recordar a aquel Peña Nieto que anunciaba, con bombo y platillo, cada reforma destrabada. O aquel Peña Nieto que salía en las portadas de múltiples revistas internacionales con presagios de cambio.



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