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Monterrey N.L.

Nuevo embajador, viejas costumbres

Tierra De Nadie
Por Walid Tijerina





Llegó, finalmente, la nueva propuesta para embajador de México en Estados Unidos. Gerónimo Gutiérrez funge aún, hasta su ratificación por el Senado, como director gerente del Banco de Desarrollo para América del Norte –creado, coincidentemente, al marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Lo primero que declaró como embajador prospecto giró en torno a la reciprocidad de la relación entre Estados Unidos y México. Pero pocas veces ha habido reciprocidad en esta relación –lo cual se ha convertido ya en costumbre. Y es harto difícil esperar una reciprocidad o trato de pares considerando la desmedida ventaja que tiene Estados Unidos en cuanto a poder geopolítico.

Por lo pronto, el Senado ya bombardeó al embajador prospecto respecto a los tres temas que actualmente tienen mayor urgencia en la relación bilateral: la reciente orden ejecutiva respecto a la deportación masiva de inmigrantes indocumentados; la renegociación del TLCAN; y la cooperación en materia de seguridad y drogas. Los tres son temas delicados, que siguen fracturando la relación entre los dos países. Cosa que se ha visto reflejada en la visita de esta semana de los secretarios de Estados Unidos Rex Tillerson (de Estado) y John Kelly (de Seguridad Interior).

Faltó el Secretario de Comercio y hablando de reciprocidades, es aquí donde también se entra en terrenos escabrosos. La campaña de “Hecho en México” debe seguir reforzándose a nivel nacional, aunque sin desvirtuar las relaciones comerciales con otros países. Ya han dicho muchos analistas que levantar aranceles u otras hostilidades comerciales a las importaciones de Estados Unidos sería dispararse en el pie para nuestra economía exportadora. Por otro lado, sin embargo, hay que enfatizar la principal deficiencia que ha tenido la economía mexicana desde mediados del siglo pasado: la ausencia de una industria doméstica competitiva.

Las vías del proteccionismo para desarrollar industrias domésticas competitivas a nivel internacional –como lo hicieron los Tigres Asiáticos y China—ya no parecen ser opción en una economía tan abierta como la nuestra. No obstante, los mecanismos de apoyo para la industria doméstica se deben reforzar y reinventar. Una industria doméstica competitiva contribuiría a la reducción de las (nocivas) dependencias que se tiene con otros países en temas comerciales, y en particular, con Estados Unidos.



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