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Monterrey N.L.

Respecto a la república distópica

Tierra De Nadie
Por Walid Tijerina



Me pregunto si alguien no ha desempolvado ya la semejanza distópica y despótica. Por allá de los 1940 y los 50s los regímenes totalitarios se expandieron por Europa como consecuencia, principalmente, de la Gran Depresión de 1929. Circunstancias desesperantes trajeron medidas desesperados. Hitler, Mussolini, Franco y Salazar se consolidaron poco a poco en los países europeos. Y la novela distópica –piénsese en 1984 de Orwell o Fahrenheit 451 de Bradbury—surgió como una asimilación literaria de ese fenómeno. El Big Brother de Orwell reinterpretó el papel de esos regímenes totalitarios.

Sin embargo, hubo un autor que anticipó estas visiones apocalípticas de Orwell y Bradbury: Sinclair Lewis, el primer escritor americano en recibir el Premio Nobel. Lewis, a final de la década de los 30s, contaba ya con una larga lista de best-sellers que retrataban las idiosincrasias e incoherencias del americano de clase media. Para ese entonces, incluso, ya había recibido el Nobel (en 1930). Pero el auge de los regímenes totalitarios en Europa como respuesta a la pandemia económica de la Gran Depresión le exigió reconsiderar sus proyectos literarios. La propia miseria que se extendía por los Estados Unidos le iluminó un nuevo camino literario. Casi como escritor engagé, Lewis reconoció la amenaza de que esas respuestas totalitarias, disfrazadas de nacionalismo, pudieran llegar a Estados Unidos.

Con ese sentido de alerta fue que Sinclair Lewis escribió la sátira distópica No puede pasar aquí (It can’t happen here). En esta obra, escrita en 1935, el senador Berzelius Windrip es elegido como presidente de los Estados Unidos en 1936 tras una campaña agresiva de nacionalismo, promesas de cambios drásticos y hasta de dinero en efectivo para cada ciudadano. Tras ser elegido (derrotando a F.D. Roosevelt), poco a poco comienzan a aflorar semejanzas con los regímenes totalitarios de Europa. La creación de fuerzas paramilitares para combatir la oposición. La censura completa de medios de comunicación. Y hasta el encarcelamiento de enemigos políticos en campos de concentración. Los personajes de la novela se repetían una y otra vez “no puede pasar aquí” en las primeras instancias para pronto verse inmersos en las mismas represiones de aquellos regímenes fascistas. Después de que millones de americanos leyeran la obra en su mismo año de publicación, se repetían igual “no puede pasar aquí”.

Y, claro, con proporciones más moderadas, pudiera decirse que así mismo llegó Trump a la candidatura republicana de Estados Unidos. Las mismas promesas, entre incoherentes y racistas, acompañado del “no puede pasar aquí” de muchos espectadores.  En países vecinos o europeos, se decía “no puede pasar allí”. Pero así llegó Trump y así sigue avanzando en las encuestas, generando incredulidad, espanto y una sensación de alerta.



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