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Monterrey N.L.

La moda pasajera de Fashion Drive

En Nuevo León tenemos nuestra burbuja inmobiliaria.. Son los centros comerciales que se construyen por doquier, a trancas y barrancas, sin estudios de mercado, sin factibilidad técnica y a veces sin permiso regular de uso de suelo ni edificación.
A finales del siglo XIX, la Ciudad de México tenía dos limites equidistantes: el Jockey Club y un centro comercial a donde llegaban los ultramarinos y que le encantaba a las mujeres: La Sorpresa. De un extremo al otro, por la calle Plateros (después Madero), se paseaban a pie, sobre las baldosas, damas con parasoles rosas y gran escote a la moda francesa “para enseñar más de la cuenta” y los gomosos, muchachos “de bien” que pateaban a los léperos obstruyendo el paso. 
Monterrey también era ciudad de tenderos. Más que una urbe industrial, éramos un poblado de tiendas, fondas, herrerías, tlapalerías, bares (concepto traído de EUA) y toda clase de establecimientos para comprar y vender. Así se volvieron célebres algunas avenidas como Calzada Madero donde los regiomontanos iban a ver vitrinas.  
Ciertos mercados dieron paso a los centros comerciales a semejanza de La Sorpresa capitalina. Se construyó el Moll Del Valle y Galerías Monterrey. Desde entonces el boom no para. Pero hemos llegado a un límite peligroso en la concentración física de cadenas comerciales.
A partir de los setenta, a los centros comerciales ya se les conocía como shopping malls, o abreviado, como malls, gracias a la influencia gringa. La gente de escasos recursos entra ahí para guarecerse del calor y porque no cobran la entrada. Se abarrotan los food court (mesas compartidas para comer) y las opciones de ocio para “chicos y grandes”. Es una abolición efímera de la lucha de clases. 
Tanto éxito provocó que los arrendamientos para un local comercial en Nuevo León se inflaran, a pesar del exceso de oferta. Hasta políticos como los Medina (padre e hijo, Humberto y Rodrigo) construyeron malls. Ahora hay muchos y muy caros: una contradicción que reventará muy pronto la burbuja artificial. 
Esto, sin contar con otra amenaza peor para ellos: el comercio electrónico. Amazon (que ya no sólo vende libros) es un centro comercial virtual. Es posible pasearnos tan campantes por eBay comprando botellas de mezcal o bisutería en Mercado libre sin tener que salir de nuestra habitación.
Pronto veremos centros comerciales cerrados en la carretera Nacional, por Monterrey, en Gomez Morin de San Pedro, en la avenida Miguel Alemán por Apodaca y en Manuel L. Barragán en San Nicolás. Grandes construcciones desoladas con cartelones de “se renta”; pueblos fantasmas arrasados por la codicia de sus propietarios, especuladores sin método ni planeación.

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