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Monterrey N.L.

Meade y el hoyo en la orquesta

Si hay dos candidatos en un escenario y uno dice: “Tengo el remedio para bajar los índices de pobreza” y el otro candidato se cae en el hoyo de la orquesta, ¿quién creen que va a estar en las noticias de la noche?

A lo largo de su campaña presidencial, Donald Trump no solo se cayó por el hoyo de la orquesta: se aventó casi diariamente por pura malicia. Vicente Fox fue un experto como candidato presidencial en caerse por el hoyo de la orquesta: ¿se acuerdan del “hoy, hoy, hoy” y su zoológico verbal de tepocatas y víboras prietas? En Nuevo León, el Bronco quedó como gobernador porque lo empujaban o se arrojaba él mismo día a día al hoyo de la orquesta.

López Obrador conoce cada milímetro del hoyo de la orquesta: la amnistía a criminales, el empecinamiento por asemejarlo a Hugo Chávez, las secretarías de Estado distribuidas en provincia, la oferta de vender a Trump el avión presidencial y un largo etcétera. Sólo o con la ayuda de sus enemigos, López Obrador ha estado marcando agenda: no dejamos de hablar de él para bien o para mal todos los días, sin cesar, obsesivamente.

Al margen de sus lealtades políticas y de sus controversias como solapador del régimen o militante priísta espurio, Meade no se ha caído nunca en el hoyo de la orquesta. Es muy melindrosito en dar sus pasos. Se cuida para no bailar al borde del agujero. Por ende, nunca ha estado de verdad como nota principal en los medios ni en redes sociales.

Declarar que la ley de seguridad interior es una buena propuesta, no es caerse por el hoyo de la orquesta. Defender la reforma educativa no es caerse por el hoyo de la orquesta. Fotografiar a su esposa surtiendo despensa no es caerse por el hoyo de la orquesta. Subirse a un vagón del Metro no es caerse por el hoyo de la orquesta. Prometer que México mejorará su economía maltrecha no es caerse por el hoyo de la orquesta.

¿A qué apela entonces Meade y sus asesores de imagen? A las vanas presunciones. Asumir que el elector votará por él porque es el más experimentado, es una vana presunción. Esperar que la gente simpatice con él porque es el candidato más estudiado, es una vana presunción. Asumir que se ganará a las masas porque es el aspirante más sensato, es una vana presunción. Hoy por hoy nadie gana una elección presidencial ni en Nuevo León ni en México ni en EUA cultivando vanas presunciones. El que no arriesga no gana.

Así le pasó a Labastida en su momento y perdió, a Hilary Clinton en su momento y perdió, a Ivonne Álvarez en su momento y perdió: sin un hueso quebrado ni el mínimo rasguño por batirse en campaña, pero derrotados por sus contrarios, que (para bien o para mal) marcaron agenda y se llevaron al baile a los medios masivos y a la opinión pública. ¿Quién dijo que se gana una elección sin querer bailar?

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