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Monterrey N.L.

México: 315 años sin quitarse el vicio

México es el país de los sobornos. Encabezamos la lista en América Latina según Transparencia Internacional, por encima de Perú, Venezuela y Panamá. El ciudadano, dice este organismo internacional, soborna para recibir cualquier servicio público. Pagamos para recibir atención médica, educación y justicia en los tribunales. ¿Cómo nos defendemos de esta afrenta? ¿Lo tomamos como atentado a nuestra soberanía? ¿Nos montamos en el macho y ponemos cara de “yo no fui”? 
En realidad, la práctica del soborno en México no es reciente. En el siglo XVIII a la corrupción se le conocía en Europa cómo el “unto mexicano”. Mala fama, pero injusta: Los indígenas, mayas o aztecas, no eran corruptos, eran estoicos. La transa nos la trajeron a la Nueva España los conquistadores. La venalidad era propia de los llamados peninsulares, que vendían al mejor postor los principales empleos del virreinato.
Según Francisco de Seijas y Lobera, científico y aventurero español que vivió a finales del siglo XVI, en la Nueva España y que ahora está completamente olvidado, quienes ocupaban un cargo público compraban las gestiones del Virrey: “es forzoso que las pascuas envíe cada uno su regalo a cada ministro y al virrey y presidente de la Audiencia y que lo reiteren todos los días de las fiestas de su santo y los de sus mujeres”. 
La suma de tanta transa estaba bien calculada: “más de seis mil pesos cada año de dichos regalos, porque alhajas preciosas van con ellos. En sola una Pascua de Navidad, ganó la virreina el año de 1693, de partidas que vi, setenta y ocho mil quinientos pesos”. La justicia se compraba “a fuerza de plata y oro y regalos” y el propio Virrey vendía la resolución de demanda civil o penal. Seijas y Lobera denunciaba que en la Nueva España se condenaba a indios y diferentes castas, sentenciados a trabajar bajo esclavitud. “Penosa y cruel vida padecen estos pobres, sin más ley que la que quieren los jueces, de los cuales conocí a uno tan poco temeroso de Dios, que hizo a dos indios causa de sodomía, y que para ello no tuvo más motivo que el de ganar dinero y el de vengarse de cierto agravio.”
En México, la corrupción es un vicio antiguo y generalizado. El gobierno y la iniciativa privada corrompen y son corrompidos. Así lo escribió Seijas y Lobera en el reporte Memorias sobre el gobierno de las Indias Españolas (1702) y así lo registró el reporte:  Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe (2017) de Transparencia Internacional. 315 años han pasado y el diagnóstico es el mismo. Nada nuevo bajo el sol.

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