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Monterrey N.L.

Poniatowska en su justa medida

Elena Poniatowska es una novelista de intentos e intenciones, más que de obras maestras o novelas totales. Muchos de sus libros (que han abarcado los más diversos géneros y registros), son circunstanciales; voluntad de darle sentido a una realidad social inasible, que por sí misma, al margen de sus resultados mejor o peor logrados, la enaltecen. Antes de Poniatowska, ningún literato había abordado en vena imaginaria, la vida azarosa, tan vindicativamente feminista, de la fotógrafa italo-mexicana Tina Modotti. También fue pionera en incursionar en los exabruptos sucesivos que componen la existencia de Lupe Marín, esposa de Diego Rivera y Jorge Cuesta. 

La enumeración de mujeres que simbolizan lo más preciado de las tradiciones populares en México, y que en Poniatowska han hallado su rastreadora minuciosa, sería larga y prolija. Sus narraciones, que suben y bajan en un trajinar constante de calidad y fortuna, se unifican en la forma amena de recordar, preservar y actualizar lo mexicano y su imaginario colectivo. No debatiré si se merecía o no el Premio Cervantes, que por cierto se ha otorgado en sus peores años, a escritores españoles de segunda como Francisco Umbral. 

Mención aparte merece la Poniatowska cronista. Supo estar no solo en el lugar y los hechos adecuados, sino desde el punto de vista correcto. En el marasmo ruin de las versiones oficiales de la Noche de Tlatelolco, la voz plural de los jóvenes fue rescatada del campo militar del olvido donde torturaban cuerpos e idearios sin distingo. Esta defensa de la libertad de expresión durante los peores meses del 68, se tejió con paciencia y devoción secular por la entonces vilipendiada Elena Poniatowska. Las acusaciones de plagio, acaso consistentes de Luis González de Alba en contra suya no deslucen las crónicas valientes y modélicas de doña Elena.

Sin embargo, a veces olvidamos que nuestra escritora tiene ochenta y cinco años y padece los achaques propios de su edad. Sus contemporáneos, tan célebres o más que ella como Carlos Fuentes, han muerto o se encuentran en un limbo triste, como Sergio Pitol. Otros grandes (en las dos acepciones del término) como Fernando del Paso son claridosos pero poco asiduos al debate público. La lucidez mental a veces se tropieza, en especial cuando se habla en público y se es una activista sistemática.. No justifico a doña Elena por referirse a las mujeres juchitecas como “panzonas inmensas”. Solo valoremos el saldo de una vida meritoria, en épocas de penumbra intelectual como las que ahora campean en México, para reducir un lapsus linguae a su justa dimensión. Hay cosas más graves de qué preocuparnos.

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