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Monterrey N.L.

¿Y si cambiamos la división territorial de México?

La división del territorio nacional en estados es una de las causas de la crisis histórica de nuestro país. Luis Cabrera, uno de los más lúcidos pensadores de la Revolución Mexicana, decía que México era en realidad varios Méxicos: “cuatro o cinco naciones en diverso grado de progreso, para los cuales es imposible encontrar una norma o un solo régimen social”.

 

La idea de Cabrera, expuesta en conferencias y artículos publicados en los años 30, no se quedó en un simple diagnóstico abstracto. Propuso reducir la división territorial (ahora integrada por 32 estados más la Ciudad de México) en 10 o máximo 12 entidades federativas, con fronteras naturales, no artificiales.

 

¿Para qué esta imaginaria reconfiguración política del territorio? Para gobernarlo mejor, economizando su administración, acorde con su topografía y la facilidad de sus comunicaciones. Según Cabrera, la división de estados que se consolidó en la segunda mitad del siglo XIX, era una simple “continuación de la rutina de la división colonial de Nueva España”. La Nueva Santander, el Nuevo Reino de León, o el Reino de Nueva Vizcaya, eran provincias decididas por peninsulares que no tenían ningún conocimiento real del terreno de la Nueva España. Por comodidad de los gobernantes liberales, la división administrativa se mantuvo igual de caprichosa en el sucedáneo trazo del territorio nacional y se legalizó con la Constitución de 1857 y luego con la de 1917.

 

Ahora bien, a pesar de la soberanía de estados diferenciados, en la práctica se impone hoy como hace siglos, la misma problemática regional. No en balde, hay más relación natural en la frontera chica de Tamaulipas con Monterrey, que con la ciudad de Victoria. Claro está, el adoctrinamiento educativo vuelve escandalosa cualquier tentativa por modificar la división territorial de Estados y municipios. Incluso se ha inventado el término matria como complemento del término patria. Sin embargo, las regiones comunes rebasan los límites federativos.

 

La propuesta de Luis Cabrera suena a chiste absurdo, a vacilada legal. Pero tiene su trasfondo histórico y podría resolver muchos problemas regionales que a la fecha se antojan irresolubles. Aunque sea, a los ojos de la mayoría, la exhortación de una desorbitante quimera.



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