
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
La trillada frase de “esto no se acaba hasta que se acaba” es, a fin de cuentas, cierta: en la elección de alcalde de Monterrey, Nuevo León, la moneda aun está en el aire y no se puede decretar a un ganador definitivo todavía.
Esto porque MC interpuso recursos contra el pretendido triunfo del candidato pri-panista Adrián de la Garza, alegando que la policía ministerial (que aparentemente controla el PRI y el PAN) fue utilizada para intimidar e interferir en el proceso a favor de Adrián, y además por presuntamente ejercerse violencia política de género contra la candidata Mariana Rodríguez, al pretender negar, en el discurso político, su valor como mujer que se vale por sí misma, y tacharla de ser sólo la “esposa del gobernador”.
Si bien por lo pronto el Tribunal Electoral local reafirmó el triunfo de De la Garza, validando la constancia de mayoría, una de las tres magistradas presentó lo que llaman un “voto adhesivo” donde concluye que si hubo violencia política en razón de género en contra de Mariana, y que si hubo presencia inusual de ministeriales, elementos que pueden ser utilizados para la siguiente instancia, a la cual está acudiendo Movimiento Ciudadano, que es la Sala Regional del Trife.
En otras palabras, el reclamo de MC no está muerto y ahora pasa a la instancia dos, que es la Regional del Trife (Tribunal Federal Electoral), y puede llegar a una tercera, a la que seguramente llegará, que es la Sala Superior.
La Sala Superior puede terminar resolviendo “en la raya”, o sea, un par de días antes de que entren los nuevos alcaldes, que toman posesión el 30 de septiembre.
Todo indica que será hasta entonces cuando se sepa si se valida el triunfo de Adrián, o no; y si se invalida podría, en un escenario, convocarse a otra elección.
A estas alturas, estar absolutamente seguros de que ya está definido el resultado de Monterrey, es riesgoso y sencillamente incorrecto.





