Invitamos a nuestros lectores para que lean la columna del prestigiado periodista y conductor Luis Padua que se localiza en la sección: Luis Padua con Pan y Circo, y como siempre querido lector Usted tiene la mejor opinión de su contenido.

PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Más de 50 mil personas no se levantan una mañana, hacen una maleta y deciden, al mismo tiempo, lanzarse sobre una frontera internacional.
No ocurre así.
Una movilización humana de semejante magnitud requiere información compartida, rutas, expectativas comunes y, sobre todo, la percepción de que durante un tiempo las autoridades permitirán el paso. Por eso, lo sucedido en Ceuta no puede despacharse simplemente como un fenómeno espontáneo.
La primera responsabilidad de explicar lo ocurrido corresponde a Marruecos. Su gobierno conoce mejor que nadie esa frontera y difícilmente una movilización de tal tamaño pudo desarrollarse sin que sus autoridades la advirtieran. La pregunta es inevitable: ¿fue incapacidad o hubo una decisión deliberada de permitir, al menos durante algunas horas, ese éxodo?
Pero existe un segundo elemento que tampoco debería ignorarse.
La crisis ocurre en uno de los momentos de mayor tensión diplomática entre España e Israel. El gobierno de Pedro Sánchez ha sido uno de los más críticos de la ofensiva israelí en Gaza y la respuesta de Israel ha sido particularmente dura. Incluso Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, llegó años atrás a hacer llamados para que árabes y musulmanes dirigieran su atención hacia Ceuta y Melilla, mensajes que hoy vuelven a cobrar relevancia.
Y aunque eso no es prueba seria de que Israel haya estado involucrado, sí hace legítimo preguntarse si existió algún tipo de coordinación, influencia o coincidencia de intereses entre actores estatales. Más aún cuando Marruecos e Israel mantienen una estrecha relación política, militar y de inteligencia.
En geopolítica, los grandes acontecimientos no se analizan aislados del contexto. Se estudian a la luz de las alianzas, los intereses y las tensiones entre los Estados.
Por eso, cuando un enfrentamiento diplomático es seguido por un hecho extraordinario que incrementa la presión sobre uno de los involucrados, hacer preguntas no es caer en teorías de la conspiración. Es hacer el trabajo que corresponde al periodismo, a los analistas y a los propios servicios de inteligencia.
Cuando una coincidencia cambia el tablero internacional, deja de ser un detalle y se convierte en una pregunta.
Y aquí la pregunta que debe investigarse con seriedad y a profundidad es si los hechos ocurridos en Ceuta no son resultado de la expansión de la guerra de Medio Oriente hacia Europa, y concretamente hacia España, el país que más ha criticado abiertamente el genocidio israelí en Gaza.
Todo indicaría que el conflicto internacional se expande, ahora disfrazado de crisis migrante.




