
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
Han sido meses extremadamente complicados para la movilidad en la zona metropolitana de Monterrey.
Obras por todas partes, carriles reducidos, desviaciones, maquinaria pesada y trayectos que antes tomaban minutos y ahora pueden convertirse en una verdadera prueba de paciencia.
Paciencia, paciencia y más paciencia… es lo que nos piden.
¿Hasta cuándo?
Una cosa es asumir las molestias inevitables que provoca la construcción de infraestructura necesaria. Y otra, muy distinta, es aceptar la improvisación, los errores y, sobre todo, una comunicación pública que genera más preguntas que respuestas.
El Gobierno del Estado anunció reducciones de carriles y cierres en el complejo vial Gonzalitos-Constitución por los trabajos de la Línea 4 del Metro. Y no estamos hablando de cualquier cruce. Estamos hablando de uno de los puntos neurálgicos de la movilidad metropolitana, donde cualquier alteración repercute kilómetros a la redonda.
Primero nos dijeron que las restricciones comenzarían el viernes 14 de agosto. Se habló incluso del cierre durante 60 días de la gaza de retorno de Constitución hacia Morones Prieto.
Llegó el viernes… y prácticamente nada ocurrió como había sido anunciado.
Y aclaremos algo: no estamos reclamando que no hayan cerrado las vialidades. Al contrario. Qué bueno que recapacitaron, modificaron la estrategia o encontraron una manera de reducir el impacto.
Lo preocupante es que nadie explique claramente qué pasó.
Hubo ciudadanos que modificaron sus horarios, salieron mucho más temprano de sus casas o buscaron rutas alternas para evitar un caos que finalmente no ocurrió. Después supimos, por trabajadores de la propia obra, que los cierres serían paulatinos, algunos intermitentes y otros únicamente nocturnos.
¿Entonces en qué quedamos?
La comunicación ha sido, por decir lo menos, cantinflesca… Se anuncia una cosa, se aplica otra y después aparece una tercera versión.
Aquello de hacer las cosas “en tiempo y forma” parece haber sido sustituido por un preocupante “a prueba y error”.
Y todavía hay preguntas más delicadas. ¿Dónde está la coordinación entre el Gobierno del Estado y el Municipio de Monterrey? ¿Cómo es posible que se anuncien intervenciones de esta magnitud… y el municipio dice que no le han entregado documentación técnica fundamental? ¿Por qué no vemos a Tránsito de Monterrey encabezando un operativo vial integral en uno de los cruces más conflictivos de la ciudad?
Contrasta, por ejemplo, con lo que se observa en San Pedro en las obras de la zona de Los Tubos. Trabajos durante el día, por la noche y los fines de semana, tratando de avanzar aceleradamente y reducir, hasta donde es posible, las afectaciones a los automovilistas.
Porque las obras tienen que hacerse. Nadie discute eso.
Pero también tienen que planearse.
Y tienen que comunicarse.
Ahora nos dicen que habrá cierres intermitentes. Muy bien. ¿Cuáles? ¿A qué horas? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Cuáles serán las rutas alternas? ¿Qué ocurrirá cuando sea necesario cerrar completamente alguna gaza?
Hay una fecha que se acerca peligrosamente… Lunes 31 de agosto… Más de un millón de alumnos regresarán a clases y la movilidad metropolitana sufrirá, como ocurre cada inicio de ciclo escolar, una presión adicional.
¿Será entonces cuando decidan aplicar los cierres más importantes?
Esperemos que no.
Los regiomontanos podemos soportar obras, molestias y sacrificios si detrás existe un proyecto serio y bien ejecutado. Lo que no podemos aceptar es una obra de esta magnitud mal administrada.
Si no corrigen a tiempo, lo que viene en Gonzalitos y Constitución será caótico.
Y ahí vienen las lluvias de septiembre… No han reparado el principal ducto de drenaje pluvial en el río Santa Catarina que fue dañado por la instalación de las columnas del Metro.
Que Diosito nos agarre confesados.




