
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
La Presidenta de Claudia Sheinbaum llegó a su Segundo Informe de Gobierno con una narrativa perfectamente construida: México avanza, la economía resiste, la violencia disminuye y la Cuarta Transformación mantiene el rumbo.
“Vamos mejor y tenemos rumbo, porque ese rumbo lo marca el pueblo”, resumió desde Palacio Nacional. El problema es que, después de casi dos años de gobierno, pareciera que el actual gobierno no se ha terminado de desmarcar del sexenio anterior…. si no fuera porque “se acabaron los abrazos, no balazos”…
Desde luego, hay resultados que deben reconocerse. Sheinbaum presumió una reducción de 51 por ciento en el promedio diario de homicidios dolosos desde el inicio de su administración; inversión extranjera directa por 35 mil millones de dólares en el primer semestre de 2026; un peso estable y una cobertura de programas sociales que, al cierre del año, alcanzaría a más de 42 millones de personas.
Son datos relevantes. Pero un informe de gobierno no debería medirse solamente por cuántos apoyos se entregan o cuántas obras se anuncian, sino por la capacidad de transformar problemas estructurales. Y ahí el balance es mucho menos contundente: el crecimiento económico sigue siendo modesto y la inseguridad continúa entre las principales preocupaciones de la población.
La gira posterior al Informe ha servido para reforzar la misma narrativa, aunque también ha revelado que 2027 ya está demasiado cerca.
En Nuevo León, Sheinbaum destacó una inversión federal de 32 mil millones de pesos durante 2026 y aseguró que un millón y medio de personas han sido beneficiadas. También habló del tren México-Monterrey-Nuevo Laredo, de casi 80 mil viviendas proyectadas y del nuevo Hospital General Regional del IMSS en Santa Catarina. Todo ello es importante. Pero en pleno año preelectoral, la insistencia en las transferencias y en la obra pública inevitablemente adquiere también una lectura política.
La Explanada de los Héroes fue, además, una auténtica fotografía de la sucesión. Ahí estuvieron varios de quienes buscan encabezar a Morena rumbo a la gubernatura: Andrés Mijes, Waldo Fernández, Judith Díaz, Clara Luz Flores y Tatiana Clouthier, Jesús Elizondo y Felipe de Jesús Cantú. La Presidenta dijo que no hablaría de política. No hacía falta. La política estaba sentada frente a ella.
Y hubo una ausencia que habló todavía más fuerte: Samuel García. El gobernador recibió a Sheinbaum en Palacio de Gobierno, pero no apareció en el templete ni entre los invitados del acto público, pese a que su propia agenda había anticipado su asistencia. Esto provocó el sospechosísimo… la ausencia obedeció al temor de un abucheo… Pero el contraste fue inevitable. Horas después, en Coahuila, el gobernador priista Manolo Jiménez sí acompañó a la Presidenta y aguantó los abucheos.
Como telón de fondo, ese mismo domingo se difundió la carta “Nuevo León no aguanta más”, firmada por alcaldes, representantes empresariales, el Congreso local y fuerzas opositoras, en la que se reclamó a Samuel García por presuntas extorsiones, confrontación institucional, falta de presupuesto y manejo irregular de recursos, y se pidió la intervención de instancias federales para investigar. Son acusaciones muy graves que políticamente colocaron al gobernador en una posición todavía más incómoda.
El Segundo Informe deja, entonces, una sensación contradictoria.
Sheinbaum conserva altos niveles de aprobación, fortaleza política y puede exhibir avances concretos, particularmente en seguridad y cobertura social.
Pero dos años después, el país necesita algo más que cifras acumuladas, programas sociales y actos multitudinarios.
Necesita resultados que se traduzcan en crecimiento, servicios públicos eficaces, seguridad cotidiana y mejores instituciones.





