Minuto
RICARDO CORTÉS CAMARILLO
Pensé dejarla pasar, pero no puedo. El enorme “oso”, ridículo gigante que hizo el gobierno federal, me dejó dos elucubraciones, primero, que la señora Claudia es inepta e improvisada sin duda, sigue pensando que venimos de arrear borregas con pistola; la fiscal que parece todo menos eso, Ernestina Godoy, convence que ante el celo profesional de no aparecer en los medios como sí lo hace el policía consentido de palacio, inventa cualquier cosa con tal de que la volteen a ver y, tercero, la decepción que causa Omar García Harfuch que lo único que podría salvarle, es que le hayan ordenado avalar la tontería.
Me refiero al mega decomiso histórico de huachicol supuesto donde incautaron 59 millones de litros, aseguramiento de diez tanques de almacenamiento, pipas, tractores, bodegas, camionetas y documentos de la empresa SIMSA que, además diciendo haber realizado el operativo el 17 de septiembre y NO el 4 cuando con cuetes y serpentinas alardearon la farsa monumental, que levantó todo género de sospechas ya que ante el importante decomiso no era posible que no detuvieran ni a un miserable velador, como si estuvieran cuidando un kilo de tomate. ¡Nadie se la tragó!
Lo absurdo es que nadie, de la presidente para abajo, fiscal, secretario, subsecretario, comunicadores, jefes y pelagatos tuvieran la idea de aconsejar que, al no ser cierto, corrían el riesgo inminente de hacer el ridículo monumental. No contento con ello, después de estirar la cobija percudida del engaño la presidente no tuvo la astucia y valor que obligaba para simular que no sabía y despedir, no a Omar que es el muñequito del pastel, pero sí a la señora de los tamales y decirle Tina, ahí te ves. Un hijo se da cuando la patria lo pide y antes de que pasaran al paredón a Claudia, había que cortar la cabeza de la fiscal que es donde se encuentra el epicentro de la mentira, convertida en espectáculo mal montado.
En qué cabeza cabe que, en estas fechas, con estas fichas y en esas fachas puedes engañar a todo mundo cuando era evidente que hasta el taquero de la esquina sabía que ahí despachaba una empresa legal y formal donde trabajan cientos de empleados y con antigüedad de seis años por el amor de dios. No es posible que Claudia no hubiera preguntado: ¿estás segura Ernestina? por la sencilla razón que el tamaño de la empresa no podía ser de un Juan Pérez y si fuera combustible robado, sería de un poderoso delincuente que seguramente “se le debe algo” ¿usted sabe no? O pasa usted a creer que, a un mafioso grandote en contubernio con Adán Augusto o Andy López Beltrán, le iban a decir: “la chalupa y buenas”
Si estos funcionarios prestaran sus servicios a una empresa de IP además de correrlos por ineptos y brutos les hubieran levantado acta para abrirles un proceso legal. Recordé una anécdota de don Alfonso Martínez Domínguez cuando descubrió una burda fechoría menor de un funcionario por algunos millones de pesos: “no te estoy corriendo por ratero, sino por pendejo”
Por eso estamos como estamos y por eso nunca progresamos, no hay cabida para que la señora presidente cometa una falla tan elemental cierre los ojos y no quiera repararla de perdido para tapar el sol con un dedo. MENDUENCIAS: la decisión de los esbirros incondicionales de las Cámaras aprobando que no puede ser presidente de la república Ricardo Benjamín Salinas Pliego, es una muestra más de lo que escribo líneas arriba. ¿Son pendejos en su tierra, en la mía qué serán?
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