
PAN Y CIRCO – Opinión Editorial
La semana pasada hablábamos aquí de un proceso adelantado. Muy adelantado.
Morena comenzó a colocar sus piezas rumbo a las elecciones de 2027 mediante el nombramiento de sus llamados “Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. El nombre podrá ser largo y cuidadosamente construido, pero políticamente resulta difícil ignorar lo evidente: quienes reciben estas coordinaciones quedan colocados en la antesala de las candidaturas a gobernador.
Hace unos días conocimos las definiciones en diez estados. Este lunes tocó el turno a los siete restantes y, desde luego, en Nuevo León había especial interés.
La encuesta interna, cuyos resultados no se han transparentado, al menos públicamente, favoreció a Clara Luz Flores Carrales, exalcaldesa de Escobedo y excandidata a la gubernatura en 2021. Ahora Morena vuelve a colocarla al frente de su proyecto estatal.
Clara Luz habló de unidad. Dijo que esta coordinación “no es de una sola persona”; que Nuevo León necesita de todos y que en la Transformación nadie sobra.
El discurso era necesario.
Porque una cosa es ganar una encuesta interna y otra muy distinta conseguir que quienes durante meses se vieron a sí mismos como posibles candidatos terminen verdaderamente sumados a un mismo proyecto.
Las primeras reacciones merecen atención.
Tatiana Clouthier evitó convertir su mensaje en un respaldo personal y puso el énfasis en su apoyo al proyecto de la Cuarta Transformación y a la presidenta Claudia Sheinbaum. Judith Díaz reconoció que los números no le favorecieron y manifestó disposición para colaborar. Waldo Fernández habló de condiciones para mantener la unidad y de su regreso al Senado. Felipe de Jesús Cantú expresó respaldo al movimiento. Andrés Mijes regresa a Escobedo, donde todavía tiene por delante un año de administración.
La pregunta es si en realidad habrá unidad.
Después de un proceso de esta intensidad viene la llamada “operación cicatriz”. Y una fotografía conjunta no necesariamente resuelve las aspiraciones, los grupos y los intereses que se fueron construyendo durante meses.
Pero hay algo todavía más importante: el proceso no ha terminado.
El Partido del Trabajo se encargó de dejarlo muy claro.
Horas después del anuncio, el PT de Nuevo León señaló que la designación de Clara Luz corresponde exclusivamente al proceso interno de Morena y recordó que el partido no participó en esa medición. El pasado 24 de septiembre se instaló una mesa técnica de la eventual coalición Morena-PVEM-PT, en la que deberán acordarse metodología, encuestadoras y encuestas espejo para medir a los perfiles de las tres fuerzas políticas. Lógicamente, la última palabra la tendrá el dirigente nacional, Alberto Anaya.
El mensaje puede leerse como una delimitación política: Morena ya tiene coordinadora; la coalición todavía deberá resolver la suya.
Y ahí habrá que observar con cuidado hasta dónde llega la negociación. El Verde parece transitar sin una ruptura visible en Nuevo León. El PT, en cambio, ha marcado públicamente distancia del proceso morenista.
Y mientras Morena y sus aliados acomodan sus piezas, enfrente también hay movimientos.
Movimiento Ciudadano, que actualmente gobierna Nuevo León, ha dicho que definirá su perfil hacia finales de octubre o principios de noviembre y mantiene varios nombres sobre la mesa. Del otro lado habrá que seguir también las definiciones de PRI y PAN y el alcance que finalmente tenga cualquier entendimiento entre ambas fuerzas.
Clara Luz Flores ganó una primera batalla: la interna de Morena.
Ahora viene una posiblemente más complicada: convertir una encuesta en unidad, una coordinación en coalición y una estructura partidista en competitividad electoral.
Porque en política, una cosa es levantar la mano del ganador.
Y otra muy distinta lograr que todos los demás quieran levantarla también.





