
Por Jacques Mattes “La Jugada Maestra” para Pan y Circo MX
El cronómetro avanza sin tregua y, en los pasillos del poder guinda, la arquitectura del 2027 comienza a tomar formas tan firmes como accidentadas. La definición de los 17 coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, concluida este 28 de septiembre de 2026, marca el banderazo de salida de una carrera donde los actos protocolarios en el World Trade Center intentan barnizar de concordia lo que, en los sótanos de la alianza, suena a fricción y desencuentro.
En apariencia, la maquinaria se mueve con precisión milimétrica; en los hechos, las piezas se atropellan. El Partido del Trabajo (PT) decidió marcar su raya de manera estridente. Su ausencia en la mayoría de las presentaciones, acompañando apenas tres nombramientos en Aguascalientes, Querétaro y Sinaloa, no es un simple desaire de agenda, sino un mensaje cifrado. Los dirigentes petistas, encabezados por voces como la de Geovanna Bañuelos, reclaman lo evidente: un proceso interno cocinado bajo la receta exclusiva de MORENA, con sus encuestas, su termómetro y su método, donde los aliados fueron relegados a espectadores de segunda fila.
La exigencia de una mesa técnica tripartita, entre MORENA, el PT y el Partido Verde, busca rescatar lo que queda del reparto equitativo. Aunque los líderes juren ante los micrófonos que la coalición goza de buena salud y que no hay fractura, el fantasma del desencuentro avanza a distintas velocidades.
Y si la marea externa sacude a la coalición, puertas adentro las corrientes de MORENA amenazan con desbordar el dique. Zacatecas se sacudió con gritos de “fraude” al designar a Verónica Díaz Robles, señalada por su cercanía al grupo Monreal. En Guerrero, la inconformidad de la alcaldesa con licencia Abelina López tras el triunfo interno de Beatriz Mojica evidencia que los heridos en el camino no guardan silencios prudentes. Chihuahua atestiguó el pulso cerrado entre Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, finalmente ungido, mientras que Nuevo León concentró un tablero pesado donde Clara Luz Flores se alzó con la nominación frente a perfiles de alto tonelaje como Tatiana Clouthier. Mención aparte merece San Luis Potosí, donde el partido oficial prefirió ir en solitario ante la voracidad del Verde por imponer a la esposa del gobernador Ricardo Gallardo.
Aquí no hay coincidencias, hay cálculo puro. El PT advierte que exigirá una segunda etapa de mediciones y no suelta prenda en plazas clave como Nuevo León, mientras el PVEM reconfigura su peso específico en la alianza al capitalizar gubernaturas y posiciones de fuerza.
Desde esta trinchera, con el tablero a la vista, la conclusión es tajante: la unidad de la autodenominada Cuarta Transformación se proclama con discursos solemnes, pero se sostiene sobre los hombros de negociaciones imperfectas y agravios acumulados. Para el 2027, la gran prueba de fuego no será únicamente conquistar las 17 gubernaturas en disputa, sino comprobar si la coalición tiene la flexibilidad suficiente para evitar que sus costuras terminen por romperse. La mesa de acuerdos solicitada por los petistas no será un mero trámite burocrático; será el fiel de la balanza que dictará si la alianza avanza hacia su consolidación o si comienza, formalmente, a mostrar sus límites.
Jacques Mattes.





