
Pedro Ocañas para Pan y Circo
En política todos tienen memoria, el problema es que los políticos suelen creer que solo ellos la tienen, pero la realidad no es así.
Por eso, rumbo al 2027, mientras los partidos empiezan a sacar cuentas repartir fichas y medir candidatos, los ciudadanos también harán su propia evaluación. Sin encuestas y sin mítines, solo con memoria.
Porque al final de una administración no solo se recuerda las promesas que se hicieron. También se recuerda lo que se hizo con ellas.
El actual Gobernador, Samuel García, llegará a la recta final de su gobierno con una lista de obras, proyectos y decisiones que tendrán que pasar por el filtro de los ciudadanos.
Entre las más sonadas están El Metro, los camiones, la movilidad, la contaminación, la relación con los municipios y los conflictos políticos que marcaron buena parte de su administración.
Para el Gobernador, el 2027 será la hora de presentar resultados, pero para cada ciudadano será la hora de preguntar cuánto de aquello que se anunció terminó realmente resolviendo un problema.
Y ahí está una diferencia, cuando se inaugura una obra el ciudadano espera que el problema que la originó se resuelva, pero cuando lo mide ve que no fue así.
Morena por su parte, llegará al 2027 con una tarea distinta: convencer a Nuevo León de que puede gobernar a un estado en donde históricamente la relación con los ciudadanos no le ha favorecido al partido.
Tendrá mucha tarea por hacer, porque una elección no se gana desde Palacio Nacional, también se gana –o se pierde– con lo que sucede en cada rincón de los 51 municipios del Estado.
El PRI y el PAN enfrentan otra clase de memoria, la de sus propios gobiernos, ya que durante décadas fueron los protagonistas de la política de Nuevo León. Tienen experiencia, estructura y una historia que puede ser
presentada como activo o cuestionada como pasado.
Eso dependerá de cómo quieran contarla, pero hay algo que no podrán hacer: borrarla.
Y Movimiento Ciudadano tendrá que cargar con la realidad: es el partido que gobierna actualmente el Estado, pero también es el partido que tendrá que explicar qué hizo con el poder que recibió.
¿Qué hiciste? Esa será probablemente una de las preguntas centrales en el 2027. No qué prometiste o que dijiste que ibas a hacer. Y lo que terminaste realmente funcionó, no funcionó o qué cambió.
El ciudadano de Nuevo León puede olvidar un discurso o una tal vez una promesa, pero la recuerda cuando se repite dura años y el problema sigue ahí. Por eso la elección del año próximo tendrá una característica que ningún partido puede controlar.
La boleta será nueva, pero la memoria no, los candidatos podrán cambiar de partido, podrán cambiar de estrategia, podrán cambiar de discurso y hasta de aliados, pero no podrán cambiar la historia porque pertenece a los ciudadanos.
La campaña de recordar apenas comienza.




