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Monterrey N.L.

Ahí viene el coco 1

Minuto
Por CHAVA PORTILLO

 








No puedo ocultar el beneplácito porque por fin Juan ciudadano se puso las pilas, meditó lo que tenía que hacer y valientemente sumo con su presencia un adobe más a la muralla de la ignominia y el rechazo ya generalizado al gobierno del cocodrilo mayor que ahora sí apreciamos que empieza a sentir lo frío del acero y más temprano que tarde se romperá el arco que sostiene la cuna de una cría que fue concebida con más ilusión y esperanza que razón y sustento.

El verbo está agotado y el pueblo perdió la ilusión que lo hizo soñar que con la aplazada llegada del mesías de aserrín las cosas cambiarían y que si tan solo nos cumpliera la quinta parte de lo que prometió en su eterna campaña México iba a salir del marasmo y nos convertiríamos en el país que tantos badulaques azules y tricolores nos habían prometido.

Los que se volcaron a las urnas fueron convencidos que el mar se abriría y que el nuevo Moisés nos llevaría a tierra santa, que las promesas empeñadas por tantos años de campaña por fin le darían la oportunidad de cristalizar, porque ahora sí, terminaba la demagogia, la mentira, el encono, pero sobre todo, la corrupción.   No les podía fallar, era llegar al paraíso y nada que perder.

Los días del cocodrilo, la fe y sus estampitas…están contados.

El gozo se fue al pozo y todavía después de la tontería del aeropuerto muchos creyeron que las cosas así serían y quién más decente, limpio y honesto que el ejército, que nos hizo dudar de la honorabilidad de Carlos Slim un santón millonario que hasta ese momento se había mantenido puro y santo.  Ahora, la gente piensa que es un mentecato cómplice de Carlos Salinas de Gortari que lo había convertido en el hombre más rico de México después de ser modesto dueño de los restaurantes Sanborns.

La marcha sabatina es el bastón de muestra de que los mexicanos no somos tribu con taparrabos, con arco y flecha, con machete entre los dientes y la botella de tequila en la cintura.  No hubo violencia, ni policías agredidos, agentes de tránsito vituperados, oxxos saqueados, monumentos incendiados, pintas y vitrales rotos, y que al estado no le costó un céntimo. Por alguna razón explicable la prensa no dio la difusión adecuada minimizando el vaso rebasado como medio lleno.

Mucho tiene que ver que Nuevo León es un Estado que está manejado, les agrade o no, por un gobernador firme, con inteligencia, orden y decencia, que le sirvió la pandemia para saltar al escenario como un cocinero capaz y honesto que está sirviendo de guía a siete mandatarios inyectándolos de entusiasmo, valor y capacidad para exigirle a un presidente extraviado que se ponga a trabajar, dejarse de sandeces y hacer un balance de las reparticiones anquilosadas convenencieramente.

Poco se tardó el bronco en apoyarse en un experto en comunicación que le mostrara al ciudadano que en Jaime tiene un excelente mandatario que estuvo en manos de un charlatán que vendía ilusiones en Mexicali que lo rebasaba la deshonestidad y costumbres rechazadas por la sociedad, la moral y la salud.                                                    [email protected]


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